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¿Acaso tenemos un modelo de desarrollo en Sinaloa?

DOS MÁS DOS

En las últimas décadas son muchas las voces en Sinaloa que exigen un cambio en el modelo de desarrollo. De esa discusión, hasta hoy estéril, surgen dos interrogantes. La primera: ¿Acaso tenemos un modelo de desarrollo? La segunda: Si lo tenemos, ¿para qué cambiarlo?

En materia de economía, si bien todo es complejo, nada es nuevo. Sin embargo, al olvidarnos del sentido común, nos hemos perdido en un montón de palabras gastadas.

Gobiernos y partidos vienen, gobiernos y partidos van. Y más allá del progreso económico natural, debido a la acción espontánea de las personas en su afán por sobrevivir, no se delínea una política pública que aliente el bienestar social de manera sostenida e incluyente.

Si revisamos los planteamientos de los modelos de desarrollo inscritos en los planes de desarrollo de los últimos treinta años, el que usted prefiera, veremos que las coincidencias en sus postulados son abundantes. Enseguida, algunos de ellos:

— Es un modelo orientado a promover el progreso y mejorar la calidad de vida.

— Es un modelo que transita de las cosas materiales, a las personas y sus necesidades.

— Es un modelo donde los beneficios del progreso no sean percibidos por unos cuantos.

— Es un modelo que promueve un crecimiento sustentable, sostenible e incluyente.

— Es un modelo orientado a la generación de empleos formales de calidad.

— Es un modelo que promueve la disminución de la desigualdad, erradicación de la pobreza y garantiza los derechos humanos.

— Es un modelo donde se concibe al progreso social como paradigma opuesto a la exclusión injusta que impone la pobreza.

— Es un modelo que promueve una economía social y solidaria y en oposición a una orientada únicamente a la generación y acumulación desigual de riqueza.

Sin duda, los modelos son un marco de referencia para todo gobierno que aspira a mejorar la situación económica, el acceso a servicios de salud y educación de calidad, a brindar seguridad pública, entre otros más, encaminados todos a tener más áreas de buen vivir. El objetivo es, sin excepción, mejorar la calidad de vida.

Así, después de encontrar evidentes coincidencias entre los postulados de todas las corrientes políticas, cabe preguntarse, ¿qué falta entonces para alcanzar el progreso sostenido en Sinaloa, si en lo básico todos están de acuerdo? Las respuestas pueden variar, pero una es irrefutable y tal vez coincidente: los ciudadanos somos los responsables. No somos capaces de participar en la edificación de un gobierno eficiente y eficaz. Un gobierno con sentido común y donde las palabras gastadas sean sustituidas por acciones nunca antes vistas.

Dos siempre serán mejor que uno. No dejemos solos a los tomadores de decisiones. Con sus excepciones, han demostrado no hacer bien las cosas en solitario. Es tiempo de participar de una manera diferente. Una participación que vaya más allá del voto y de la crítica de café.

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