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Acertaron, acertamos: sí existió un narcogobierno en México

En noviembre de 2011 presentamos en MILENIO Televisión grabaciones tajantes de cómo los Caballeros Templarios intimidaban a los ciudadanos de pequeños municipios de Michoacán para que votaran por el PRI y su candidato, Fausto Vallejo. Nos tiraron a locos.

En noviembre de 2013 publiqué aquí los datos de las reuniones en Tumbiscatío de La Tuta y El Chayo con Jesús Reyna y José Trinidad Martínez Pasalagua. Obtuve un muy tímido, lógico desmentido. Por esos vínculos, Reyna y Martínez Pasalagua están en la cárcel. El Chayo está muerto y La Tuta huye, pero sigue siendo un hombre noticia.

Varios periodistas y medios sumaron historias parecidas. Gracias en buena medida a la gesta de los grupos de autodefensa, el gobierno del presidente Peña Nieto diseñó una heterodoxa y, al día de hoy, exitosa estrategia para ponerle fin a los Templarios. El gobierno debió aceptar, entre otras cosas, que los criminales habían penetrado las estructuras políticas y sociales de Michoacán.

Quadratín, una tesonera empresa de periodistas a la que jodidamente algunos quisieron tocar con la sospecha de que funcionaba para Jesús Reyna y, por lo mismo, en cierta forma para los criminales, aportó ayer el último elemento para disipar dudas: el video de una charla de cuates que planean el reparto del botín entre Rodrigo Vallejo, hijo de Fausto, y La Tuta. Game over.

Lo dijeron, lo dijimos. Lo documentaron, lo documentamos. Michoacán era un narcoestado con un narcogobierno y los Templarios en el timón.

Acertaron, acertamos. Era un narcoestado. Era un narcogobierno. El primero plenamente documentado en la historia de México.

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