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Acervo bibliográfico

DESDE LA CONFRATERNIDAD

"Una biblioteca es un lugar donde usted puede perder la inocencia sin perderla virginidad" (Germaine Greer). Mi pequeño estudio ya resultaba insuficiente para contener los cientos de libros que durante largos años habían sido integrados a mi biblioteca particular. Era necesario tomar una decisión sobre su destino, principalmente de aquellos relacionados con mi carrera de ingeniero químico industrial, considerando que ninguno de mis hijos optó por estudiar esta carrera. Un inventario me determinó que contaba, además de novelas y de otros tópicos, con más de 700 libros de texto y de consulta de las áreas de química general, química inorgánica, química orgánica, análisis cualitativo, análisis cuantitativo, diseño de equipo, diseño de plantas, estudios de mercado, matemáticas, física, fisicoquímica, operaciones unitarias, organización industrial, álgebra lineal, resistencia de materiales, dibujo, electroquímica, transferencia de calor, destilación, evaporación, flujo de fluidos, etc., etc. Estos libros los fui acumulando durante mis siete años de estudiante en el Instituto Politécnico Nacional y durante los años que impartí cátedra en la Facultad de Ciencias Químico Biológicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa, en el Instituto Tecnológico de Culiacán y en la Maestría de Planeación Industrial en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura del propio Instituto Politécnico en la Ciudad de México. Varios de ellos fueron adquiridos con recursos propios y otros recibidos como regalo por las editoriales técnicas, que lo hacen como medio de promoción de sus publicaciones en los centros de educación media y superior. Durante algunos días mi esposa y un servidor estuvimos tratando de recordar qué pariente o amigo de la familia podía ser el receptor del donativo que estaba decidido a hacer. Así fue como seleccionamos al hijo de una familia con la cual nos unía una vieja amistad y que iniciaba sus estudios de ingeniería química en una prestigiada universidad del interior del país. La decisión nos proporcionaba una gran satisfacción, no podíamos haber hecho mejor elección; presentíamos el gran apoyo que le proporcionaríamos a este estudiante y a sus padres con el regalo de un acervo bibliográfico de esa categoría, para mí de incalculable valor. Con mucho entusiasmo le transmitimos a los padres del joven nuestra propuesta, solicitándoles que en cuanto pudiera pasara a recoger el material a nuestra casa, para lo que dediqué todo un día clasificando y encartonando los ejemplares, que con todo el dolor de mi corazón, pero realmente convencido, donaría para una buena causa. Cada libro me recordaba anécdotas de mi época de estudiante en la Ciudad de México; en algunos encontré acordeones para exámenes y notas curiosas sobre travesuras amorosas; en otros, anotaciones que revolvieron mis recuerdos de la etapa dedicada a la docencia y la investigación. Pero, gran sorpresa nos llevamos cuando al día siguiente nos informan que el muchacho había rechazado la oferta argumentando que él estudiaba por internet y no le hacían falta los libros. Este material fue donado a la biblioteca del Centro de Cultura de Guamúchil, en donde estoy cierto está siendo aprovechado y coadyuvará de alguna manera en la formación profesional de estudiosos jóvenes guamuchilenses.

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