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Opinión

Acueducto

Por: Marco Antonio Berrelleza

El 24 de marzo de 1885, el gobernador Francisco Cañedo ordena se publique el decreto número 32, aprobado ese día por la Legislatura local, que deroga el artículo 1º de la ley número 83 de 6 de diciembre de 1883, que declaró incompatible el cargo de miembro de la Junta Directiva de Estudios, con cualquier otro empleo o comisión del ramo de Instrucción Pública, en que se disfrute sueldo u honorarios de las Rentas del Estado o Municipales.

Y en 1896, el Ayuntamiento de Culiacán concede a los señores Manuel Clouthier. Francisco Cañedo, Miguel y Amado Andrade, Francisco M. Andrade, licenciado Domingo Uriarte, Manuel Rojo, señora Carmen Rojo de Ramos, Ignacio Vidaurreta, Toribio Barrantes, Julián Montijo y Ángel Favela, permiso para construir un acueducto que, partiendo de la casa habitación del señor Ángel Montijo, continúe por la avenida Morelos hasta el río Tamazula, tomando parte de las calles de Comercio, Rosales y Libertad. La obra se hará con las dimensiones, declive y profundidad que determine el Ejecutivo Municipal. El acuerdo expresa que si el Ayuntamiento necesita hacer uso del caño, se decretará su expropiación por causa de utilidad pública, previo valúo de peritos por ambas partes, deduciendo de su costo el valor de la excavación hecha por el Ayuntamiento. El acuerdo está firmado por el presidente, Severiano Tamayo, y el secretario, Luis F. Molina.