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Adiós Chavo

EL CUADRO

Una de las bendiciones de ser de la bella ciudad de Los Mochis, Sinaloa, es contar con una gama de deliciosos manjares de reyes que no se ven en otras ciudades ni estados ni países ni continentes y mucho menos que cuenten con la fórmula perfecta que consta de tres ingredientes esenciales en toda comida: "¡rápidos, buenísimos y baratos!", un claro ejemplo son sus deliciosos "tacos del Chavo" o como les decíamos de chiquitos "tacos sudados", que sonaban poco apetecibles pero literalmente los tacos sudaban mucho en la olla, así que los que se querían ver menos grotescos decían finamente: "taquitos a vapor", pero para mí siempre serán los tacos sudados y si no eran del Chavo no eran los buenos, lo siento por los demás. Tratar de explicarles en qué consistía a todos los foráneos que visitaban la ciudad era una cosa muy simple "Entiende, es una tortillita diminuta, con superpoquita carne o papa o quién sabe qué tienen adentro, pero delicioso, bañados en frijol y salsa"… No entendían muy bien qué tenía de ciencia tan simple receta, pero lo que sí es verdad es que no hay visita en el pueblo que no pruebe los tacos sudados y quede enamorado de su sencillez, de su buen sabor, de la sorpresiva capacidad que tenemos los seres humanos para comernos 5, 10, 15, 20 y no sepas cuándo parar, ya seas niño, joven, adulto o viejo, de seguro forman parte de tu dieta semanal o de tu comida favorita desde que eras pequeño. Les confieso que son de mis pecados favoritos y soy capaz de comerme 10 y 2 de harina, con un litro de horchata si me sueltan la rienda. Soy terrible… Pero bueno, el objetivo de esta columna es para recordar estos íconos del pueblo, estos inmortales negocios que se le ocurrieron a un hombre, que tristemente ya no está con nosotros: El señor Santiago González Ramírez que trascenderá por habernos deleitado con el singular sabor que nos ofreció en su producto estrella, con su legado familiar, con los famosos tacos, bendición para las mamás con hijos malos para comer que muchas veces no quieren saber más que de taquitos del Chavo, frijoles y horchata y que gracias a él crecen nutridos comiendo lo básico: tortilla, frijol y salsa. ¿Qué más mexicano que eso? Les mando un grato saludo a todos los que tienen la fortuna de ser parte de su legado, a su familia y a la gente que labora con ellos, esos matemáticos que pueden sacarte la cuenta mental en cuestión de segundos y que siempre nos sorprenden. Un abrazo y toda la paz del mundo. Chequen nomás el cuadro saciando el antojo que me dio escribir esta columna: