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Adiós al 2013, y ¿2014?

Se acabó el 2013, año de cambios e incertidumbre. Tiempo de espera: De silencio, reflexión, propuestas, conciliación y conflicto. El nuevo gobierno tomó un rumbo que pocos pensaban viable y sin embargo se dieron pasos que pueden, en el futuro inmediato, comenzar a dar resultados favorables para el despertar de México.

Desde fuera el país comenzó a ser visto con gran expectativa. A principios del 2013 se empezó a hablar del "momento de México". De los grandes proyectos y cambios que el gobierno de Enrique Peña Nieto buscaría instrumentar y que ofrecería al país las herramientas necesarias para jugar nuevamente en las grandes ligas internacionales. Sin duda se dijo mucho. Hoy sabemos que los primeros pasos se dieron y, sobre todo, que se empezó a enfrentar, en forma distinta, el inmovilismo de los últimos años. En 2013 se habló de México de nuevo, como una gran esperanza para la agenda regional e internacional. El jugador de los años 80 y 90 se veía de nuevo con una presencia global renovada. La percepción que el mundo tiene sobre los mexicanos tomó un cariz distinto, mucho más positivo. Esto no es suficiente. Resta mucho por hacer, pero no afuera. La principal tarea la tenemos los mexicanos en casa.

En 2013 vivimos una dificultad constante entre nosotros mismos. Por un lado nos acercamos y conciliamos intereses a favor de causas inmediatas y, poco tiempo después, nos es nuevamente imposible continuar por la vía de la negociación y la construcción conjunta de futuro. En México acostumbrarnos centrarnos en el corto plazo. Nuestra visión de tiempos más largos se nubla por las tradicionales diferencias que nos impiden dejar atrás los malentendidos pasados para proyectar nuevas perspectivas que conlleven resultados duraderos. Nos es más sencillo mantenernos en la contemplación del pasado y en el dolor que representa, antes de sabernos capaces de dar saltos hacia adelante que nos alejen con fuerza de todo el daño.

Estamos ante una oportunidad de cambio que requiere de todos. Los primeros pasos se han dado ya. Hoy se reclama hacer una transformación todavía mayor. Debemos aceptar que las propuestas del 2013, conocidas en las diferentes reformas, tendrán resultados acertados si y sólo si hacemos un giro profundo en la forma en la que establecemos nuestras relaciones y en la manera en la que alcanzamos nuestros objetivos. No basta contar formalmente con las reformas. El principal trabajo comienza ahora. Por una parte con la manera en que sean instrumentadas y acordadas las leyes secundarias que quedaron pendientes en cada una de éstas. Por la otra, es igualmente importante que demos los pasos necesarios para alcanzar a reconocer el valor mismo de los mexicanos. En México urge una reconciliación que vaya más allá de un pacto político.

La sociedad está rota y no son suficientes las reformas per sé, ni su instrumentación adecuada. Mucho menos el planteamiento de acciones paliativas. La dirección y decisiones tomadas hasta hoy deben mantenerse con continuidad y profundización. Necesitamos de un liderazgo que realice los grandes trazos de acercamiento y que no permita que los antiguos fantasmas sean más fuertes que la posibilidad que tiene el país y los mexicanos de caminar hacia adelante. Que impida que el pasado nuble el futuro y nulifique la confrontación entre los diferentes grupos. 2013 es el inicio de lo que en México está por llegar. Sin liderazgo, una vez más tenemos el riesgo de dejar pasar la posibilidad que se abrió ante nosotros. Requerimos de un paladín de paladines que dirija a los diferentes grupos con fuerza de alcanzar un futuro que siempre ha estado en el imaginario mexicano y que nunca hemos llegado a alcanzar. El país no requiere de caudillos pero sí de líderes de gran visión y con respuestas nacionales claras.

El año que comienza, 2014, será clave si se logran reconciliar los graves desencuentros sociales. A pesar de los pasos dados, se respira un gran desconcierto, desesperanza y descontento entre los líderes de otros grupos y parte importante de la sociedad. De ahí que la labor del gran paladín y de su equipo se enfrenta al enorme reto de convencer a los mexicanos para lograr unificar posturas que conlleven los resultados requeridos de las reformas. Las diferencias entre los grupos tan sólo los alejan. Resta ahora saber si el liderazgo actual tiene la fortaleza para unificar al país y para que se camine por México. Al tiempo. ¡Felices fiestas!