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Advertencia de Banxico

En la reciente Convención Bancaria el discurso del gobernador del Banco de México, Agustín Carstens suena a advertencia, aun cuando se envuelve como recomendaciones para los países emergentes frente al cambio del marco económico global. Las recomendaciones consisten en tres "pilares", el primero tener buenos fundamentos macroeconómicos.

Siendo esta convención más que nada un foro nacional, debe entenderse que la recomendación es para México. En efecto, nadie ignora que el gobierno de cada país emergente interpreta por sí mismo su situación y sus propias prioridades frente al entorno externo.

Lo que propone es entonces la estrategia de política macroeconómica mexicana que el Banco considera adecuada frente al cambio global, que sufrirá un alza sostenida de las tasas de interés. Ahora bien, en el caso de México, tanto los mercados como sobre todo las agencias calificadoras han dado como buena la estrategia del gobierno actual.

Por eso es significativo que el Banco, con más experiencia para observar la economía nacional que las agencias, haya destacado dos temas que hasta ahora se habían tomado en México como resueltos, en el sentido de que no causaban mayor causa de preocupación ni comentario. Uno es la postura fiscal y el otro es la cuenta corriente externa.

La primera, como ya se sabe, es definida por el gobierno y aprobada por el Congreso. Para 2014 el primero propuso y el segundo aprobó un aumento del déficit fiscal a 3.5% del PIB, en su propósito de aumentar el gasto público.

El discurso precisa que la postura fiscal debe ser "moderada", pero no va tan lejos como delimitar su rango sostenible con cifras. Agrega que para tener fundamentos macroeconómicos sanos, si es necesario usarse el "manejo de la demanda agregada" para evitar "déficits abultados en la cuenta corriente". Esto significa reducir el déficit fiscal.

Frente a una trayectoria de ingreso y gasto fiscal determinada, manejar la demanda agregada significa ajustar el gasto público a la baja o elevar los ingresos públicos. El saldo de ambos es lo que impacta dicha demanda agregada. Y su conexión con la cuenta corriente externa es porque una mayor demanda usualmente eleva las importaciones y con ello el déficit corriente, si las exportaciones no aumentan en igual medida.

En una colaboración anterior mencioné que en México el aumento fuerte del gasto público generalmente aumenta las importaciones, sobre todo las de consumo y, por esta vía, eleva el déficit de la cuenta corriente externa. Si el propósito de aumentar el gasto público es elevar la tasa de crecimiento de la economía, debería optarse por una mejor asignación del gasto, reduciendo el gasto corriente burocrático y elevando el gasto que podría ser productivo. Para esto último se requieren proyectos de inversión pública viables y oportunos.

Hasta hoy y en muchos años los fundamentos macroeconómicos de México no han sido cuestionados. Sin embargo, el margen de maniobra para elevar más el gasto público es limitado, sobre todo si el precio del petróleo sigue debilitándose. El Banco hace un primer llamado a mantener los fundamentos, e incluso rechaza los fundamentos "mediocres".

Por otra parte, y quizás de ahí la necesidad de la advertencia del Banco, hoy la economía atraviesa por un periodo de estancamiento de la demanda interna y las reformas no van a aumentarla en el corto plazo. El modesto crecimiento de Estados Unidos no ayudaría a México a crecer más de lo que creció con Calderón. No siendo esto atractivo, debería intentarse una recuperación de la confianza para que sea la inversión privada la que aumente.

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