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¡Agradecimiento!

MALICIANDO

VÁMONOS MALICIÁNDOLA agradeciendo a Dios Nuestro Señor, en primer lugar; a los médicos Felipe Bojórquez Hernández, exitoso traumatólogo que fue quien estuvo a cargo de mi operación; al director del IMSS, Armando Félix Ortiz; Juan Carlos Rueda, a las(os) enfermeras (os) del quinto piso, Carmelita Vega y Óscar Ulloa. En fin, a toda esa familia IMSS con la que conviví durante nueve días que estuve hospitalizada por el accidente sufrido en el prestigiado restaurante El Cuchupetas. Asimismo, a mis hijos Enrique y Martha Alicia, Criss y Onasis que están pendientes desde Estados Unidos; a mi hermana María Emilia, "Mary ", que desde que llegué a urgencias no se me ha separado; a ustedes, mis lectores de EL DEBATE y de su columna, MALICIANDO; a los amigos del Face, a los amigos de siempre por sus buenos deseos de pronta recuperación, muchas, muchas gracias… Dios los bendiga.

AMIGOS, SI hubiera apostado a que el pasado domingo 18 de mayo iba a terminar el día sin novedad, hubiera perdido. ¿Por qué? Porque todavía a las cinco y media de la tarde todo iba de maravilla, y en compañía de lindísimos amigos dimos fe de un pescado frito que nos recomendaron, entre otras delicias. Cerca de las seis de la tarde salimos del restaurante y no sé si por voltear a donde venden los coricos, las cocadas y empanadas de cajeta (¡ummm, fuera dieta!) o porque ya me tocaba, para cuando quise ya iba volando, ¡y no precisamente en una escoba! No vi un escalón, caí parada y el tobillo se fracturó… No es novedad que me caiga, ya he dejado mi sello personal por todo Mazatlán, ¡no salgo del suelo! El tacón se balanceó y toda esta divina humanidad cayó al suelo. Ya no me pude parar. Me tuvieron que auxiliar entre todos porque, ¡de que peso, peso! Ja, ja, ja, ja, ja… Así llegué hasta urgencias, donde me atendieron. El doctor Romero, que estaba de guardia, me colocó una férula para inmovilizar el problema. Ya resuelto eso, no me quedó más que esperar el acceso al hospital. Esto sucedió hasta el siguiente día por la noche.

DESDE LA camilla donde me subieron, porque no había camas en urgencias, observé de reojo, porque soy muy mortificona, el dolor de los hermanos que acuden diariamente a esa área, la mayoría por accidente de motocicleta. Consciente de que lo mío era pecata minuta ante tanto dolor, no me quedó otra más que rezar y pedir a Dios por ellos y por mi salud también… El dolor seguía latente, aun asi, me animaba para apoyar a dos hermanas encamadas al lado que luchaban por sus vidas, doña Clementina Patrón y doña Rita Camacho, que estaban muy graves.

SE LLEGÓ el jueves 22 y en el quirófano divisé al doctor Bojórquez, un medicazo en toda la extensión de la palabra, ortopedista de los buenos, parco para conversar y serio de más (me recuerda al exdirector del IMSS, nuestro amigo Jorge Alberto Gárate), irradia una seguridad que me animó a ponerme en las manos de Dios y en las de él. Cuando desperté en la sala de recuperación, ¡del gusto ni del dolor me acordé! El IMSS cuenta con médicos de reconocida capacidad y una atención especial durante los turnos de cada 8 horas. Los enfermeros Carmelita Vega y Óscar Ulloa, mis respetos para ambos, son atentos, saben escuchar y están preparados. Durante los días que estuve ahí, me atendieron tan bien, ¡que me sentía en el Sharp! ¿Cuándo? ¡Nunca, me quedo en la calle! Soy del IMSS a mucho orgullo.

POCO A poco compartiré varias anécdotas vividas bajo el techo del Hospital General de Zona 3, Doctor Héctor González Guevara, que por cierto, es insuficiente ya este coloso para dar albergue a tanta necesidad de salud. Recuerdo cuando lo inauguraron. ¡Todo nuevo y de acuerdo con las necesidades de esa época! Lo que hoy vemos, empezando por Urgencias, camas, baños y demás, es lamentable e insuficiente. Y todo eso aunado a la cultura de limpieza de quienes de él nos servimos, un verdadero caos…

NOS VEMOS mañana, lunes ya. Dios quiera que las seis semanas de reposo que me indicaron pasen rapidito asi como corre el agua en los arrollos… Pórtense bien, que nada les cuesta. Ciao. MALICIA.