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Agua: ¿atención gradual?

El pasado sábado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua. Salvo contadas expresiones, en México ni el gobierno ni organizaciones sociales realizaron eventos conmemorativos al respecto. Parece que en vez de actos simbólicos el gobierno ha decidido realizar acciones concretas.

La problemática del agua en México es una de las más graves para el presente y el futuro del país y, sin embargo, parece no tener un lugar preponderante en la agenda de las políticas públicas.

De esa compleja problemática pueden distinguirse tres aspectos primordiales. El primero, la mala distribución/asignación, por una parte de excesos y desperdicio y, por otra, de carencias. Segundo, la contaminación del agua. Tercero, los sociales y/o de cultura del agua.

En lo que se refiere al primero, que puede denominarse de "acceso al agua", de inicio debe subrayarse que del orden de 77% del agua se destina a usos agropecuarios. Lo singular de este hecho es que de esa agua, 55% se desperdicia dado lo precario de la infraestructura de riego. Además, mucha se contamina debido, sobre todo, a que el "riego rodado" recoge residuos de fertilizantes y plaguicidas (62% de las aguas residuales las genera el sector agrícola). El desperdicio en el uso agropecuario también contribuye a la sobreexplotación de los acuíferos.

Todo esto no debe sorprender, debido a que el agua para usos agropecuarios (77%) no se cobra (no causa derechos), por lo que no existen incentivos para mejorar la infraestructura de riego y ahorrar el preciado líquido. Lo paradójico es que, al hablar del agua, pocos, muy pocos, reparan en este hecho preponderante, a fin de proponer soluciones.

Por contra, el agua para los otros usos (doméstico, servicios, industrial, etcétera) es insuficiente y, por lo general, de mala calidad. Si bien la provisión de esa agua da lugar a un cobro, salvo contadas excepciones los organismos o sistemas que la proveen no la miden, no la facturan, y la cobran con tarifas insuficientes para la sustentabilidad de su importante tarea, que incluye su expansión. Por eso, la cobertura de los servicios de agua potable de calidad "aceptable" es tan limitada, a pesar de compromisos programáticos de muchos gobiernos. Esto, sin considerar que las tarifas de agua deberían de incluir "pago por servicios ambientales", para apoyar los bosques y selvas que inducen la recarga de cuerpos de agua superficiales y subterráneos.

El suministro de agua "potable" para todo uso trae consigo su tratamiento. Cuando no hay agua, no hay la necesidad de tratarla. En consecuencia, cuando se habla de mejorar el acceso al agua (cobertura y calidad), también se habla de la necesidad de tratarla. Como para esto también existen recursos muy limitados, 47.5% del agua en México no se trata, o se trata mal.

Como se ha tratado previamente en este espacio (octubre 24, 2013), las deficiencias en el "cobro-pago" del agua, reflejan el complejo entramado institucional que existe en México en torno al agua. Se está en espera de una "Ley General de Agua", legislación indispensable y urgente para avanzar en esta materia.

El otro instrumento fundamental para una mejor administración y gestión del agua en México es el Programa Nacional Hídrico 2013-2018, firmado por el presidente Peña Nieto hace dos días, y pendiente de publicarse. Éste es indispensable para corregir la causa raíz de la problemática del agua en México que, además de la falta de claridad normativa, es la carencia de objetivos y programas claros y viables, que ordenen la acción de las múltiples instancias que hoy, con extraordinaria descoordinación, participan en la gestión del agua en México. Su orientación y contenido merecen consideración por separado.

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