Opinión

A cien años

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

Nació en Rímini el 20 de enero de 1920. Hijo mayor de Urbano, originario de Gambettola, Italia, entonces un aprendiz de cocinero de clase baja que en 1915 se fue a trabajar a una fábrica de pasta en Roma. En esa ciudad conoció a Ida, hija de un adinerado comerciante romano. Ambos formalizaron su relación en 1917 y se casaron por el civil en 1918. La familia de Ida rechazó la idea de que la pareja se casara por la iglesia a pesar de que eran católicos de hueso duro. “No va a durar”, dijeron. Urbano encontró un trabajo mejor pagado como vendedor ambulante en Rímini, entonces un pequeño pueblo frente al mar Adriático.

Ahí fue donde él, Federico, nació. Y donde también nacieron sus dos hermanos: Riccardo en 1921 y Maria Maddalena en 1929. Estudia en un colegio religioso primero, luego pasa a una escuela pública. Se aficionó a la lectura y a los cómics de aquel entonces. Estos últimos lo hicieron descubrir que era diestro para el dibujo. Se dice por ahí que ya a sus diez, once años, comenzó a recibir encargos pagados de comerciantes locales que le pedían cartones con publicidad para sus negocios. A los trece formó parte de las juventudes afines al Partido Nacional Fascista. Grupo conocidos por sus camisas negras. Ahí aprendió disciplina militar, lecciones de ideología y de religión, y también lecciones en deportes y en arte. Fue por esas últimas que Federico entró al grupo.

En toda Italia no había una mejor “escuela pública” de arte que la impartida en el PNF. En 1933, Federico viaja con su familia a Roma y queda maravillado por la ciudad. Entonces se gesta una idea: irse a estudiar y vivir a esa bella ciudad cuando le toque ir a la universidad. Un año después, en su natal Rímini, tras una noche de tormenta, la comunidad se despierta con una sorpresa: una ballena encalló en la playa. Tanto su visita inaugural a Roma, como el recuerdo ya no de una ballena pero sí de un “monstruo marino”, aparecerán luego en sus obras. Igual que esas juveniles experiencias con el primer amor, el primer deseo, el primer trabajo. Y ya que hablamos de eso, el primer trabajo, fue en 1937 cuando Federico comienza a trabajar en serio haciendo caricaturas y dibujos para periódicos y revistas de la época.

Eso le sirvió para leer aún más y ensayar diferentes técnicas que sus maestros no le habían enseñado. En 1939 Federico cumple su sueño y entra en la Universidad de Roma. Se matricula en derecho para complacer a sus padres, aunque lo cierto es que él sigue escribiendo y dibujando y asiste poco a clases. Comienza a vender algunos guiones a locutores y algunos dibujos a periódicos y revistas. Hasta que la producción de la película El pirata soy yo de Mario Mattoli, estrenada en 1940, lo contratan para proveer de algunos chistes y trabajar en diseño de arte. El resto, como dicen por ahí, es historia. Basta recordar que este 20 de enero se cumplen cien años del nacimiento de uno de los más grandes: Federico Fellini.

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