Opinión

En una galaxia no tan lejana

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

Fue en diciembre del 2012 cuando se dio a conocer que The Walt Disney Studios compraba la productora Lucasfilm. Pagó 2.2 billones de dólares en efectivo y 1.8 billones en acciones. Gracias a esa adquisición, además de las compañías ILM, pionera en efectos especiales desde los 80, y Skywalker Sound, puntera en producción y postproducción de diseño de sonido; Disney también se adueñó de dos franquicias legendarias: Indiana Jones, cuyas cuatro películas habían sido presentadas bajo la sombra de la montaña de Paramount, y Star Wars, con siete largometrajes y billones de dólares ganados tanto en taquilla como por las varias licencias de su ya célebre parafernalia.

A mediados del 2013 se anunció que el primer proyecto de la mancuerna Disney-Lucasfilm sería expandir el universo cinematográfico de Star Wars con una nueva trilogía, junto con algunas películas independientes basadas en personajes claves de la llamada “trilogía original”: historias sobre un joven Han Solo, otra sobre Boba Fett, una más sobre el robo de los planes de la Estrella de la Muerte y hasta algo sobre Obi-wan Kenobi en Tatooine.

Hoy, a finales del 2019, sabemos bien cómo salió el plan: las películas “independientes” se ¿cancelaron? tras los pobres resultados taquilleros de Solo (2018). Aunque no lo quieran reconocer, la anunciada película de Boba Fett, intrascendente personaje cuya figura de acción siempre tuvo buena venta, acabó siendo la serie estrella de la plataforma de streaming de Disney: El Mandaloriano. Y la tal nueva trilogía ha ido, tanto en taquilla como en opinión de crítica y público, de más a menos de forma tan clara que de tratarse de un cometa, veríamos su estela en pleno mediodía y sin necesidad de un telescopio. Este es el fin de semana en el que se estrena la última parte de esa nueva trilogía: El Ascenso de Skywalker, así la llamaron.

Película que, insisten los voceros de Disney y la mercadotecnia asociada, será la última que tendremos de esos mundos y personajes. Personalmente no lo creo, pero bueno, sigámosle el juego que es fin de año y hay espíritu para eso y más. En concreto, encuentro más interesante repasar toda la historia tras las nuevas películas que de lo que tratan. Principalmente porque el proyecto entero, desde ese mero remake de la cinta original que fue El Despertar de la Fuerza (2015), hasta este embrollo sin pies ni cabeza ni encanto que es El Ascenso de Skywalker, pasando, claro, por el puñado de buenas intenciones pero sin “gravitas” que fue Los Últimos Jedi (2017), la intrascendente Solo y ese “garbanzo de libra” que es Rogue One (2016); simplemente nunca tuvo más futuro que aprovecharse de la nostalgia y pagar lo gastado por Disney en la adquisición. ¿Y lo logró? Sumando, las cuatro películas anteriores a El Ascenso… han ingresado poco más de cuatro billones y medio de dólares. Restando los gastos en mercadeo y sumando lo ganado en licencias, diría que aquello dista mucho de ser un fracaso. Aunque, cierto, difícilmente son los números que Disney tenía en mente a mediados del 2013. Así las cosas en esa galaxia no tan lejana que es Hollywood.

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