Opinión

¿Generación Wilkes?

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

Confesión: se me ocurrió escribir esta columna mientras leía un artículo de Rogorn Moradan publicado en el portal Zenda. En dicho artículo se recordaba “las semillas que luego germinaron en Misery”, novela de Stephen King que se publicó en 1987 y que tuvo una exitosa adaptación cinematográfica en 1990. Supongo que la recordarán: estuvo dirigida por Rob Reiner, con guion de William Goldman y protagonizada por Kathy Bates y James Caan. Por su interpretación, Bates ganó el Óscar a mejor actriz en 1991. Moradan recuerda que en 1984 King publicó una novela llamada Los Ojos del Dragón. Su trama, que originalmente era un cuento para dormir que le contaba a su hija Naomi, va sobre un joven príncipe llamado Peter que, al morir su padre, el rey Roland, piensa que será el heredero del reino. Pero no cuenta con el siniestro Flagg, un mago que lleva tiempo manipulando a otro príncipe, Thomas. Su idea es que Thomas sea el heredero y así él podrá gobernar “desde las sombras.” Ahí dejo la trama, que lo que importa es, en efecto, comprender que estamos ante un relato fantástico ajeno a las historias que King acostumbraba a relatar. Los Ojos del Dragón fue recibida de forma tibia por la crítica y tuvo buenas ventas, pero muchos de sus “constantes lectores” se sintieron traicionados y no dudaron en manifestarse mediante cartas. Le exigían al autor que o corregía su camino o se atenía a las consecuencias. King tomó con buen humor esas “exigencias”. Y comenzó a labrar una historia en la que un autor de éxito llamado Paul Sheldon que, al llevar su último manuscrito a su editora en auto, tiene un accidente y termina en la cabaña de una madura enfermera llamada Annie Wilkes. Una mujer que confiesa ser su “fan número uno”.

Wilkes no duda en leer el manuscrito que lleva Sheldon, y tras la lectura, acaba enojada por el rumbo que toma el destino de la heroína Misery Chastain. Así que Wilkes decide obligar al maltrecho escritor a cambiar la historia para que se parezca lo que ella tiene en mente, y qué importa hasta donde tenga que llegar para lograr tan “noble” cometido.

Esa anécdota me hizo pensar en los tiempos que vivimos. Esos en los que un grupo de “fans número uno” deciden recolectar miles firmas virtuales para, primero, obligar a Disney (ajá) para que vuelva a filmar Los Últimos Jedi porque, ay, no “era lo que esperaban”; y también para obligar a HBO (ajá al doble) para que vuelvan a hacer la octava temporada de Juego de Tronos. Su justificación: se sintieron “traicionados” porque la serie no terminó como ellos habían “teorizado”.

Sí, he aquí toda una generación de Annie Wilkes que por alguna razón olvidaron que el mayor placer que hay cuando se lee una novela o un relato, se ve una película o una serie, o se asiste a una obra de teatro, es dejarse llevar lo que se nos relata. Claro, algunas novelas, películas, series, etcétera, no nos gustarán. Pero por algo tenemos tantas, caray. El chiste, siempre, es buscar y descubrir, y no acabar siendo un clon más de Annie Wilkes.