Opinión

Herencias

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

Estamos, o mejor dicho: iniciamos, en Haití. El año es 1962 y un joven hombre, Clairvius Narcisse (Mackeson Bijou), muere. Su familia le organiza uno de esos pintorescos entierros que hace meses se convirtieron en meme. Pero resulta que la historia de Narcisse no termina con ese entierro. Apenas inicia: el hombre sale de la tumba convertido en un zombi que, para seguir la tradición centenaria, será enviado a trabajar sin descanso.

Ahora estamos en Francia, en el presente. En concreto en un colegio exclusivo para señoritas. Melissa (Wislanda Louimat) es una joven de origen haitiano recién llegada al colegio que por ser la nueva, es rechazada por el resto de sus compañeras. Es Fanny (Louise Labeque), una joven que aunque ya está integrada no se siente del todo parte de ese entorno materialista, la que comienza a acercar a Melissa a su grupo. Y es así que conocen parte del pasado de la joven: sus padres murieron en un terremoto, por lo que ella vive ahora con su tía Katy (Katiana Milfort). Y lo que comienza a verse como una historia de crecimiento juvenil con internado de telón de fondo, pronto es la historia de ese hombre convertido en zombi lo que hace que esta película se “convierta” (ah, el término) en una competente y hasta entrañable historia de horror.

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Eso es, en general, lo que nos cuenta el compositor, guionista y director Bertrand Bonello (1968, Occitania) con su película Zombi Child (2019, Francia). Película que, supongo, de no ser por la pandemia sería uno de esos estrenos de horror/terror que encontrábamos casi cada viernes en alguna de las salas del cine local. Películas que, por cierto, cada tanto podrían dar sorpresas interesantes. Y como ya anuncia el título, estamos ante una historia de zombis. Pero no debemos pensar en esos seres lerdos y alegóricos que nos heredó George Romero con su clásico Noche de los muertos vivientes (una metáfora sobre el caótico Estados Unidos de finales de los 60). Bonello decide mejor explorar el folclor del que emanan los zombis y que tiene una particular relación con su país, Francia. En concreto con sus colonias en Haití. Y si algo toma de esa “herencia” romeriana es el hecho de que una buena película de zombis antes de ser una buena película de supervivencia o incluso de “sustos”, debe ser una película política. Eso es precisamente lo que explora no tan sutilmente el guion de Bonello: el peso de las acciones de las generaciones pasadas en el presente. Y para que nos quede claro, en una escena aparece un auténtico historiador que sienta una cátedra al respecto: Patrick Boucheron, catedrático con Colegio de Francia.

Obviamente, la lógica que siguen los personajes y la misma historia en Zombi Child, es propia del cine de género de cepa: con sus levedades y sus enrosques forzados. Por eso me pareció estupenda: por su fidelidad a sí misma hasta, literal, su último minuto. De mis favoritas del año. 

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