Opinión

Irremediable condición humana

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

El primer largometraje de la directora y guionista australiana Natalie Erika James, Reliquia (2020, Australia y Estados Unidos), es otro título que se suma a esa tendencia por servirse del cine de horror para explorar algún aspecto problemático de la condición humana. Aquí dicha exploración va sobre las casi siempre complicadas relaciones que hay entre madres, hijas y el tiempo. Porque el tiempo es un personaje más en esta historia escrita por James junto con Christian White.

Uno cruel e implacable. En la primera escena de la película, luces navideñas suben y bajan de intensidad mientras que la cámara de Charlie Sarroff da un repaso por la repisa que está sobre una chimenea: vemos un portarretrato, una vela, algunos objetos y una urna seguramente con cenizas. Luego llegamos al baño en el segundo piso. Alguien ha dejado la llave abierta y el agua ha comenzado a desbordarse de la tina. La vemos correr libre por el pasillo, bajar las escaleras, seguir su camino hasta que se encuentra con las piernas de Edna (Robyn Nevin).

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Ella está desnuda en medio de lo que sería la sala. Expectante de ese subir y bajar de intensidad de las luces. No le vemos el rostro pero por el temblor de sus hombros y por su postura intuimos que algo la ha alterado. Entonces, ¿qué vemos?, ¿hay alguien ahí con ella? ¿O qué fue ese movimiento en una de las esquinas del encuadre? Corte a: Melbourne. Kay (Emily Mortimer), una mujer de mediana edad, recibe la llamada de la policía para informarle que su madre, Edna, lleva días desaparecida. Queda claro por ese intercambio que Kay y Edna no se comunicaban muy seguido.

Muy a su pesar, Kay tiene que poner en pausa su vida laboral y acompañada por su hija Sam (Belle Heathcote) viajan hasta el pueblo en el que vive Edna para investigar qué es lo que le ha pasado. Y encuentran comida podrida en la cocina, muchas hojas con recordatorios hasta para bajar la palanca del baño pegadas en las paredes, algunos cuartos están completamente vacíos mientras que otros están copados con objetos varios. ¿Por cuánto tiempo Edna ha vivido así? ¿Por qué ellas no se enteraron antes? Y mientras madre e hija siguen descubriendo cosas sobre la vida reciente de Edna, ella aparece como sin nada. Y no tiene ni una explicación para darle ni a las autoridades, ni a su hija y nieta sobre qué sucedió durante su desaparición.

A diferencia de otros títulos que toman al horror como metáfora, Reliquia destaca por su interés no por decantarse de forma obvia en los tropos de siempre. Hasta pareciera que esa resistencia es aprovechada por James para conformar su relato.

No estamos, pues, en una cinta cuyo tercer acto “explote”, porque ese no es el tipo de historia que le interesa contar a James: ella sabe que no hay nada más horroroso que escuchar a un ser querido repetir una y otra vez una sola pregunta: “¿En dónde están todos?” Y que aunque se le responda siempre que aquí y hasta se le toma la mano, esa persona simplemente ya no está en condiciones para atendernos. Y que esa degradación es algo inherente de la condición humana, nos guste o no.

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