Opinión

La balada de Richard Jewel

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

En la madrugada del 27 de julio de 1996, una bomba casera explotó en el Centennial Olympic Park de Atlanta. El atentado ocurrió durante uno de los conciertos gratuitos celebrados por motivo de las olimpiadas. Dos personas murieron y más de 100 resultaron heridas. Tuvieron que pasar siete años para que supiéramos que el atentado fue perpetrado por Eric Rudolph. Su argumento fue que una olimpiada no era más que una celebración de ideas socialistas que pervertían las bases de su idea de una raza pura. Rudolph pasó cinco años escondiéndose en los bosques de Appalachia, hasta que fue detenido por el FBI en el 2003. Fue sentenciado en el 2005. Escapó de la pena de muerte declarándose culpable. Este recuento viene como colofón a mi revisión de la excelente cinta El caso de Richard Jewel (2019, Estados Unidos) dirigida por Clint Eastwood y escrita por Billy Ray. Toda esa información no aparece ni como un texto que explique qué sucedió con el caso del FBI sobre quién colocó una bomba en el parque, o quién era ese nombre que lanza el abogado Watson Bryant (Sam Rockwell) al final de la película.

La razón es sencilla, la película no se trata de la investigación sobre “quién hizo qué”, sino “qué le hicieron a quién”. Si hemos seguido la carrera de Eastwood como director (e incluso como actor), encontraremos en esa “omisión” un lugar común: aunque es mostrado, lo que importa en El Sustituto, del 2008, no es saber qué le pasó al hijo de Christine Collins (Angelina Jolie), sino qué le hizo el FBI a la mujer para resolver rápido el caso de su hijo desaparecido. Igual sucede en Sully, del 2016, en el que importa muy poco qué desperfecto tuvo el avión que acabó acuatizando en el río Hudson, la trama se centra en la absolución del heroico, aunque estoico, capitán Chesley Sullenberg (Tom Hanks) como único responsable del desastre. Esas dos películas funcionarían perfectamente como antecedente de El Caso de Richard Jewel, que va sobre cómo el FBI (encarnado en las acciones del ficticio agente Tom Shaw, interpretado por Jon Hamm) y la periodista Kathy Scruggs (Olivia Wilde), volvieron al simplón y también estoico guardia de seguridad Richard Jewel (Paul Walter Hauser, excelente), de ser el “gran héroe de Centennial Park” al principal sospechoso. Jewel fue el que encontró la mochila con el explosivo y activó el protocolo de seguridad que acabó salvando cientos de vida.

La tesis del FBI fue que él mismo puso la bomba para darle un vuelco a su mediocre vida. La sociedad se dejó llevar por el rumor y así el hombre pasó de ejemplo a mofa. Periodistas acamparon fuera de su casa, donde vivía con su madre (Kathy Bates), perdió su trabajo y el FBI lo acosó día y noche para que se declarara culpable. Solo Bryant estuvo a su lado, defendiéndolo. A mediados del 2016, una de las preguntas que más se planteó fue ¿qué pasó en Estados Unidos que acabó ganando las elecciones Donald Trump? Se han publicado varios libros al respecto, se ha debatido mucho. Pero, caray, una película que lo explica a la perfección es esta: El caso de Richard Jewel.

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