Opinión

La media vuelta

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

Sucede más seguido de lo que uno acaba reconociendo. Se estrena una película, y por diversas razones no la ves hasta que pasan semanas o incluso meses. Así que cuando por fin la ves, vas con una carga: comentarios, artículos, ensayos. Todos la alaban. Te hablan de una gran película, hacen analogías con títulos que te han parecido notables. Y, bueno, ya estás viéndola y el inicio de la cinta te atrapa. Pero conforme se va desarrollando la trama y vas conociendo a los personajes, la película comienza a escaparse. Hasta que llega el final y entonces el gusto es agridulce, por no decir que de plano quieres escupir todo lo que acabas de tragar. Escribo todo eso al recordar First Cow (2020, Estados Unidos), dirigida y co-escrita por Kelly Reichardt, que adapta la novela The Half-Life del también co-guionista Jonathan Raymond. El consenso del año pasado fue el siguiente: First Cow fue una de las mejores películas que se estrenó el 2020 y que merecía parte del reconocimiento que acabó llevándose Nomadland. Pero de mi parte, las cosas pueden seguir tal y como están. First Cow inicia en el presente. Una mujer (Alia Shawkat) pasea a su perro por un sendero y encuentra los restos mortales, como les dicen, de un par. De ahí, damos un brinco temporal algo largo. Aterrizamos en 1820, con Otis Figowitz (John Magaro), al que apodan Cookie.

Él es un cocinero que viaja con una pandilla de tramperos. Cookie es silencioso y no se sulfura ni por el mal trato que le dan sus compañeros. Una noche, el cocinero se encuentra con King-Lu (Orion Lee), un inmigrante chino que está en fuga. Le ayuda a pasar la noche y luego lo ve huir. Pasan los días y Lu y Cookie vuelven a encontrarse. Y es hasta ese reencuentro que comienzan a conocerse. Uno habla de sus sueños de iniciar una pastelería en California, el otro en tener una vida apacible en una granja. Pero, como no solo de sueños vive el hombre, el par comienza elaborar un plan para convertir esos sueños en realidad. Y sin entrar en más detalles, solo escribiré que el plan involucra a la vaca de un ricachón inglés (Toby Jones) y unas peligrosas incursiones nocturnas a su propiedad. Sin embargo, lo entiendo, caray, la película no trata ni del precio que tiene el manido sueño americano, ni de lo salvaje que resultaba todo en la llamada Tierra de Oportunidades. Igual, tampoco es un relato interesado por demostrar el valor que tiene lo multicultural en una nación compuesta por inmigrantes.

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Todo está ahí, sí, pero lo que está por encima de todo eso es esa exploración de una amistad que vemos nacer, crecer, desarrollarse y… Bueno, qué se puede esperar de una película que inicia con el descubrimiento de dos esqueletos en una senda. El asunto es que tanto Cookie como Lu son personajes cuyos destinos no me pudieron interesar en lo más mínimo. Todo porque incluso ese ricachón inglés o el hombre cuya mascota es un cuervo (René Aubergenois) sugieren historias más interesantes que ese par de románticos que no supieron cuándo debían cambiar de plan, o simplemente detenerse. Como dicen por ahí: sorry, not sorry! 

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