Opinión

Preparándose para lo inevitable

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

Para su tercer largometraje, el ¿documental? Descansa en paz, Dick Johnson (2020, Estados Unidos), la documentalista Kristen Johnson sigue al pie de la letra ese mantra que repiten muchos cineastas de ficción cada que les preguntan la razón por la que decidieron hacer películas en lugar de escoger alguna otra profesión: porque es más barato que ir al psiquiatra, suelen decir. A veces incluso te pagan por ello, rematan algunos. Hablemos del Dick Johnson del título. Él es el padre de Kristen, un viudo de gran carácter que se ganó la vida como psiquiatra en Seattle. Tiene 85 años y aunque sigue llevando su vida de forma tradicional, tanto su hija como sus allegados han comenzado a notar que el viejo Dick ya no es el mismo de antes: suele perder la noción del tiempo, se equivoca en tareas simples. Incluso él mismo comienza a ver que sus reflejos le están fallando, por lo que piensa en dejar de manejar.

No hay duda que Dick Johnson muestra los primeros síntomas de demencia senil y, teniendo en cuenta lo que sucedió con su esposa, madre de Kristen, que murió por un accidente algunos años antes, y que padecía Alzheimer; el señor Johnson decide “retirarse” y mejor dedicarse a esperar lo inevitable: su muerte. Es en ese momento que su hija decide llevárselo a vivir con ella a Nueva York, para hacerse cargo de él y que se repita lo sucedido con su mamá: por trabajo y por la vida misma, siente que ella estuvo poco tiempo a su lado. Se alcanzó a despedir, sí, pero siente que le faltó más tiempo, o quizá hacer algo más. Y es aquí donde inicia verdaderamente la razón tras ese cuestionar si lo que estamos viendo es un documental o no. Pues esa mudanza le servirá a Kristen para elaborar una serie de películas con las que experimentará con posibles escenarios sobre cómo podría morir su padre. Así que Dick Johnson se convierte en el actor de una serie de películas que hace su hija, donde morirá de diversas formas una y otra y otra vez.

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Esto podría ser material para una cinta en el que una niña que sueña con ser cineasta se vale de su adorable padre para realizar su sueño, aunque aquí el asunto es que la mujer ya es cineasta y el que poco a poco, frente a la cámara y frente a nosotros, va volviéndose en un niño es ese señor de sonrisa contagiosa y sagacidad inolvidable. Hay algunos momentos bizarros, algunos otros cómicos. Unos de plano irritantes.

Pero la idea tras estos ensayos visuales queda clara: Kristen no está preparándose para cuando su padre ya no esté a su lado. Tampoco está preparando a su padre para lo que está por venir. No, su idea no es tan sencilla. Ella está inmortalizándolo.

Porque al mostrarnos a ese gran señor que fue su padre, al hacer que lo escuchemos hablar, lo veamos actuar, comprendamos su paciencia y su humor y su filosofía; sabe que a nosotros también nos dolerá su pérdida (cuando llegue), pero tendremos, todos, un muy pequeño bálsamo: esta película. Porque al menos en Descansa en paz, Dick Johnson, Dick Johnson seguirá vivo por muchos años más. 

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