Opinión

Renovar una leyenda

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

Recordemos, la primera película como director y guionista de Joe Cornish se estrenó en el 2011. Y es hasta nuestro 2019 que regresa a las pantallas con el título Nacido para ser Rey (2019, Estados Unidos y Reino Unido), película que sigue palmo a palmo la fórmula de esas películas en las que un grupo de niños y adolescentes de pronto se encuentran inmersos en una trama extraída o de alguna leyenda, o de algún clásico de la literatura. Y como suele suceder en esos casos, la historia, que usualmente se sitúa en el presente, va sobre el descubrimiento y el entrenamiento del elegido. En este caso, basta ver cualquiera de los promocionales de la película para entender que estamos ante la leyenda del Rey Arturo, una historia que en los últimos años ha dado material para al menos otras tres cintas: el kinético pastiche Rey Arturo: La Leyenda de la Espada dirigida por Guy Ritchie, Transformers: El último caballero dirigida por Michael Bay, ambas del 2017, y el reboot de Hellboy de Neil Marshall.

Sin embargo, desde sus primeros minutos, Cornish deja claras sus intenciones y además nos justifica, aunque la verdad esto no tenga caso, la razón por la que ha escogido precisamente a Arturo de Bretaña, “monarca ideal tanto en la guerra como en la paz” para su película: lo que el maltratado reino de Inglaterra necesita en estos momentos de turbulencia tanto social, como política y económica producida específicamente por el brexit, no es a un simple héroe sino a un líder. Uno noble, que sea capaz no solo de unificar a todos por un bien común sino de convertirse en un faro rector que logre con sus acciones el deseado cambio que tanto se necesita. Queda claro que Cornish no ve a esa persona en la figura de un político o de un luchador social, sino en una leyenda. Vaya ironía.

Es por eso que nos presenta a Alexander Elliot (Louis Ashbourne Serkis), de 12 años, que inicia el curso en una escuela nueva y tiene problemas para adaptarse a su entorno. Alex no duda en defender a aquel que ve desprotegido, como su amigo Bedders (Dean Chaumoo), y que acaba cada tanto en la dirección, acusado de incitar peleas, y donde recibe siempre el discurso de que las cosas no van a arreglarse solas, que él tiene que poner de su parte porque el mundo es difícil. Una noche, escapando de unos abusivos, Alex se encuentra con una espada clavada en una piedra en el terreno en construcción en donde se escondió. Quita la espada y luego descubre que es la mismísima Excálibur.

Lo que ya descubrirá es que al reclamar su derecho a ser rey, pone en funcionamiento una serie de eventos que lo harán encarar su destino. Dicen que hay cosas que cambian, pero la mayoría permanece igual. Bueno, Nacido para ser Rey es una de esas cosas que afortunadamente permanecen igual. No importa qué tantas veces hemos visto esta historia, se agradece que al menos en una de esas veces se tenga la oportunidad de ver una cinta como Nacido para ser Rey. Ahora solo resta esperar que Cornish no dure otros ocho años para hacer su tercera cinta. Cineastas como él son de los que se necesitan.