Opinión

Una segunda oportunidad

PISTA DE DESPEGUE

Por  Agustí­n Galván

En 1995 se publicó La Brújula Dorada, primer libro de la trilogía La Materia Oscura de Philip Pullman (1946, Norwich). Considerado por el mercado editorial como una serie de novelas juveniles cuya trama se desarrolla en un mundo similar al nuestro, pero anclado en la era Eduarda (la Inglaterra de 1900-1910) con claros rasgos del steampunk. En dicho mundo el gobierno lo tiene El Magisterio: turbulenta institución creada luego de la desaparición de la iglesia católica y la explosión de diversas instituciones religiosas. Tras el Magisterio está el intento por agrupar a todas esas instituciones bajo un solo estandarte, pero las diferencias siempre han pesado más que cualquier similitud. Solo que una nueva teoría está atrayendo a muchos en ese mundo. Dicha teoría plantea la existencia de un elemento que está manifestándose en algunos seres con consciencia. Dichas manifestaciones causan un desarrollo inusual de inteligencia y conciencia que hace peligrar el influjo del Magisterio.

Y no hay nada que una a todo aquello que esté dividido que descubrir que existe un enemigo en común. Dicho enemigo es ese elemento recientemente descubierto, El Polvo. Su Materia Oscura. Pullman cita como inspiración la obra de William Blake. También El Paraíso Perdido de John Milton, que relata la caída de Lucifer y cómo este acepta su derrota como parte de un plan mayor. Y, finalmente, el ensayo En el Teatro de las Marionetas del poeta romántico Heinrich von Kleist. La tesis de Pullman es que, como la historia la cuentan siempre los ganadores, y viendo cómo nos ha ido históricamente hablando ¿Qué tal si el bando que debió ganar fue el de la “oscuridad” y no el de la “luz”? Polémica como pocas obras de ficción catalogadas como juveniles, La Materia Oscura fue adaptada sin éxito en el cine en el 2007. La película, dirigida y coescrita por Chris Weitz (con Tom Stoppard como coguionista), es la triste pionera de una “moda” que seguirá en los años consecuentes: el de fallidas adaptaciones de exitosas sagas literarias que nunca logran la adaptación entera de la saga.

Porque el plan de New Line Cinema al dedicarle casi doscientos millones era valerse del éxito de El Señor de los Anillos y llenarse los bolsillos con las ganancias. Pero los fanáticos de la saga desecharon la idea de “limpiarla” de toda crítica teológica en favor de una trama encausada en temas como una boba guerra entre magia blanca y magia negra. De una revisión del colonialismo sin el yugo de la religión y qué decir de plantear lo fantástico sin anclas ideológicas, solo como mero despliegue de efectos especiales. Por ese fracaso, cuando BBC One y HBO anunciaron su plan de volverla una serie de televisión con ocho capítulos que no buscaban adaptar el primer libro sino sintetizar gran parte de la trama, más de uno levantó la ceja y dijo “¿Para qué?” Sin embargo, tras revisar esos ocho capítulos y saber que ya están preparando la segunda temporada, puedo decir que hay cosas que sí merecen una segunda oportunidad. Y esta adaptación de La Materia Oscura definitivamente es una de esas raras cosas.

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