Opinión

Al inicio de la Cuaresma

LA VOZ DEL PAPA

Por  José Martínez Colín

Para saber. Cuentan que el gran escritor inglés Chesterton era tan inteligente como despistado. En una ocasión que iba viajando en tren, el revisor le pidió su boleto. Chesterton empezó a buscarlo pero no lo encontraba. Revisaba todos sus bolsillos y no lo hallaba. Se ponía cada vez más nervioso, comenzando a sudar. El revisor le dijo: “Tranquilo, no se preocupe, no le voy a cobrar otro boleto”. Pero el escritor le repuso: “No me importa pagar otro boleto; lo que me preocupa es que he olvidado a dónde voy”. Lo grave es cuando se va por la vida sin saber a dónde se va. Para ello la Cuaresma sale en auxilio, pues dice el Papa Francisco, es el tiempo para redescubrir la ruta de la vida. Porque, como en todo camino, lo que importa es llegar a la meta.    

Para pensar. Así como en un largo viaje se llega a dormir, en el viaje de la vida también podemos dormirnos y no saber a dónde vamos. Para ello, dice el Papa Francisco, la Cuaresma es un despertador. El signo de la ceniza nos despierta para revisar hacia dónde va mi vida. Nos invita el Papa a preguntarnos: “¿en el camino de la vida, busco la ruta adecuada? ¿O me conformo con vivir el día, pensando solo en sentirme bien, en divertirme un poco? ¿Hacia a dónde me dirijo? ¿Busco lo importante? El Señor es la meta de nuestro peregrinaje en el mundo. Y toda ruta se ha de trazar en relación a él. En eso consiste la conversión de la que se oye hablar estos días cuaresmales: convertirse es redirigirse al Señor.        

Para vivir. La oración nos une de nuevo con Dios, miramos a lo Alto; la limosna no une con el prójimo, nos libra del tener desordenado; el ayuno no une con nosotros mismos, nos libra de vanidades. Tres realidades que no se acaban.