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Algodoneros y los empresarios

RINCÓN BEISBOLERO

Solidaridad. Al menos para nosotros, no hay duda de que lo que sucedió ayer en Hermosillo, en la junta celebrada por la Liga Mexicana del Pacífico, se trató de la tácita aprobación de la mudanza de los Algodoneros de Guasave a otra plaza. Para nosotros, no quedó en duda la mudanza, lo que está por decidirse es adónde se moverá la franquicia.

La clave está en dar interpretación cabal a lo que dijo el presidente del circuito, Omar Canizales: "Los presidentes (de clubes) fueron solidarios con el caso que les planteó el ingeniero Castro y entendieron las diferentes opciones que fueron puestas en la mesa". Párrafo que no puede prestarse a dudas, creemos.

Jaime Castro Parra se presentó, compartió su situación y básicamente les dijo a sus homólogos: "Me quiero ir porque en Guasave pierdo dinero". Nadie que le pusiera "peros" a dicho razonamiento y, en consecuencia, puso sobre la mesa las opciones que tiene al momento. Tal vez mencionó Guadalajara, La Paz, Tijuana, Chihuahua o Durango. Esas son las opciones, no la duda de si sigue en Guasave.

Lo que sigue es que la asamblea de LMP analice esas opciones, estudie las propuestas, armen consenso sobre cuál plaza conviene más, cumpla los requisitos estatutarios (incluyendo condiciones de estadio) y ofrezca estabilidad a largo plazo. Sobre eso, tomar la decisión.

Para nosotros, la mudanza va.

Fondo. Ahora bien, este caso nos remite a la penosa subcultura que parece prevalecer en México cuya tesis es que para ser un buen directivo beisbolero, se requiere estar dispuesto a perder dinero. Es decir, se etiqueta a los directivos como "mecenas" que el mejor bien que pueden hacer es "regalar" beisbol y olvidarse de hacer negocio.

Directivo que diga que gana dinero, es satanizado por "ambicioso". Ridículo.

¿Qué club de Estados Unidos tiene al frente a un empresario que le entre a esta industria bajo la consigna de perder dinero? ¿Dónde aparece alguien que diga que lo suyo es solamente "hobby" y que la lana no le importa?

La decisión de Jaime Castro se apega al rupestre pero cierto racional: vaca que no da leche, que se vaya a otro corral. Pedirle, exigirle al directivo que retenga al equipo en Guasave es decirle que siga perdiendo dinero. Absurdo.

Lo malo para los seguidores de los albiazules es que no hay en Guasave quien esté dispuesto a entrarle al asunto bajo ese criterio, ni quien quiera hacerse cargo de "salvarlo" a costa de ver mermadas sus finanzas personales. Más que entendible.

Polémica. Aleccionadora y sana la polémica sobre este tema con nuestra colega y amiga Patricia Guerra, quien nos decía que en el contexto nacional, directivos que "regalen" el espectáculo son, si acaso, un "mal menor", digamos que un mal "necesario".

Y es que en lo personal, no vemos positivo que haya empresarios que se metan al beisbol solo por entretenerse, que no persigan propósitos de negocio y, por lo tanto, no cuiden el producto y en eso está el no ocuparse de atender al aficionado.

Hacer beisbol no implica, sostuvimos, que la prioridad sea hacer labor social o atender fines caritativos. Regalar el espectáculo propicia reiterar el cliché: se aprecia más lo que cuesta que lo obsequiado.

¿Qué no vaya gente al estadio, que no haya promoción al beisbol en la ciudad, no atender a los medios para que hablen del equipo…? No alcanzamos en ese escenario algo digno de reconocer, aunque entendamos que ese esfuerzo, apenas suficiente, sirve para retener al deporte en una ciudad. Eso es "un mal menor".

Que si usted traslada esta descripción a la ciudad de México, cabe perfectamente.

El DF no tiene lo que merece en materia beisbolera pero, al menos, al menos tiene beisbol. Eso o la ley del mínimo esfuerzo.