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Opinión

Algunas reflexiones sueltas sobre la violencia en 2017

Por: Alejandro Hope

1. Estamos cerrando un año muy violento. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), casi 27 mil personas fueron asesinadas entre enero y noviembre de 2017. Cuando se sumen las víctimas de diciembre, llegaremos a un total cercano a 30 mil, un número 25 a 30% mayor al registrado en 2016. Como quiera que se lean los datos, estamos ante un panorama tétrico.
2. Hay demasiada prisa para coronar a 2017 como el año más violento de las últimas dos décadas. Aún no tenemos los datos de Inegi. Aún no hemos hecho la comparación con años previos usando tasas por 100 mil habitantes. Mi predicción es que, en términos relativos, 2017 va a ser muy parecido a 2011, con una tasa cercana a 24 homicidios por 100 mil habitantes. Y eso apunta a un dato fundamental: la violencia en México es un fenómeno persistente y estructural. No es asunto de un año, no es ave de paso: es un hecho central de la vida mexicana.
3. De hecho, es muy posible que la tasa de homicidio de este año no sea notoriamente superior al promedio nacional del último medio siglo. Hay huecos en la serie de datos, pero la evidencia disponible sugiere que la tasa de homicidio ha rebotado en torno a 20 por 100 mil habitantes desde finales de los sesenta. En esa era, hay una excepción: la década que va de 1997 a 2007, cuando la tasa de homicidio se ubicó en torno a 10 por 100 mil habitantes. Esa es la anomalía que deberíamos tratar de explicar: ¿por qué en ese momento disminuyó la violencia homicida? No lo sé, pero es una pregunta que hay que formularse con urgencia.
4. Los economistas hablan de una trampa del ingreso medio, una situación en la cual un país se vuelve demasiado rico para atraer ciertas formas de inversión intensiva en mano de obra, pero sigue siendo demasiado pobre para facilitar el crecimiento de sectores de alto valor agregado (simplifico de más un problema complejo). Tal vez algo similar suceda en seguridad. Tal vez estemos metidos en una trampa de violencia media: suficiente violencia para ensombrecer la vida de millones de personas, pero no la suficiente para motivar una reacción vigorosa del Estado y de las élites. Eso no significa que deseo más violencia: simplemente esbozo una posible explicación para la persistencia del fenómeno.
5. No está de más recordar que la violencia no afecta por igual a todos los segmentos demográficos. Un profesionista de 50 años, habitante en zonas de clase media alta en la Ciudad de México, no enfrenta los mismos riesgos que un joven pobre y desempleado de la periferia de nuestras ciudades. Como todo en México, la violencia está distribuida inequitativamente. Y como siempre en México, los pobres llevan la peor parte.
6. ¿Qué esperar para 2018? Algo más de lo vivido en 2017. Mucha violencia de muchos tipos, distribuida en muchos lugares. Con el riesgo añadido de violencia asociada al proceso electoral, pero nada muy distinto. Y lo mismo vale para 2019 y 2020. Insisto: estamos ante un problema endémico que no se resuelve con un cambio de gobierno. Para enfrentarlo necesitamos algo más parecido a las campañas permanentes de vacunación y menos a la respuesta ante brotes epidémicos. Y eso significa que, sin importar los contenidos específicos de la política de seguridad del siguiente gobierno, no va a tener resultados visibles en el corto plazo.
Felices fiestas.

NOTA: Va una felicitación al SESNSP. La nueva metodología para el registro y clasificación de delitos y víctimas, presentada la semana pasada, arroja información mucho más granular y más útil para el análisis. Como usuario de sus datos, agradezco el esfuerzo.