Opinión

Alí Babá y los 30 ladrones

Por: Felipe Díaz Garza

El tema de los 30 ladrones de gasolina en el área metropolitana de Monterrey da para mucho. Por lo pronto podrían ser los 40 de Alí Babá y más, pues seguramente ventanearía a más sinvergüenzas una escarbada más amplia al robo de combustible que, a través de sus bombas servidoras "arregladas", llevan a cabo gasolineras locales de las ciudades de Monterrey, Guadalajara y México.

Grupo Reforma hizo pública esta semana una investigación sobre el robo organizado de gasolina, en cuya muestra Monterrey obtuvo un deshonroso primer lugar, pues ninguna de las 30 gasolineras investigadas aquí surtió lo pagado; los faltantes oscilaron desde 430 mililitros, en el mejor de los casos, hasta 4.25 litros, equivalente a 57.63 pesos menos.

En la Ciudad de México, 21 de las 30 gasolineras despacharon litros incompletos, con faltantes que fueron de 220 mililitros a 3.61 litros. Y en la zona metropolitana de Guadalajara, 23 de los 30 puntos de venta evaluados dieron gasolina de menos, con un rango desde 270 mililitros hasta 3.12 litros.

El caso es que en las tres zonas urbanas más grandes del País, el robo de gasolina, perpetrado directamente por los empresarios gasolineros, se practica en grande. Aunque cada manguerazo sea corto, su multiplicación por millones, que la tendencia estadística propone, se convierte anualmente en muchos millones de pesos que afectan negativamente la productividad nacional, dado que la actividad diaria de este país, sus actores y sus productos se mueven sobre ruedas impulsadas por gasolina.

El combustible se encarece con el fraude empresarial que roba millones de centavos al día y con la ordeña de ductos que los otros delincuentes, colegas de los empresarios, practican, literalmente al aire libre, en todos los rincones de este país.

Ello antes o después de considerar los elevados costos de operación de la incompetente empresa paraestatal que, reformada o deformada, seguirá siendo incompetente, cuando menos frente a su sindicato de peces piraña petroleros, a los que la deforma no tocará sus privilegios absurdos y discriminadores.

Entre esos dispendios están los relojes millonarios de Romero Deschamps y los viajes en aviones privados de las mascotas de la hija del líder charro de patas chuecas, viejo ícono de Pemex. Súmele además las asignaciones multianuales inexplicables sin explicación ni comprobantes al sindicato de miles de millones de pesos de la petrolera, con cargo a sus tarifas, que la reforma deformada no cambiará, ya lo verá. La petrolera seguirá siendo un botín y conquista sindical.

En ese contexto, ¿quién les va a cerrar las mangueras a los gasolineros ladrones y a checarles litros surtidos contra pesos cobrados? Pues nadie, como quedó claro con la cantinfleada del delegado de la Profeco en Nuevo León, quien rápidamente reculó (nunca mejor usado tan bonito verbo aunque con tan feo sujeto) y se declaró libre de culpa, pues él, que es funcionario del gobierno federal, no cumple funciones para el gobierno federal, al que le compete el robo de gasolina a los consumidores finales.

El delegado del gobierno federal, responsable de proteger al consumidor, no tiene esa responsabilidad en Nuevo León, que le corresponde al consumidor. Los ciudadanos robados y burlados deben defenderse solos, dice el desempleado delegado de nada, como lo hacen las autodefensas de Michoacán. El no funcionario les recomendó a las víctimas que, como su abuelita (la del delegado) le pinten su rayita al gobierno ladrón o cómplice de ladrones, que no protege a los consumidores, al pueblo, sino a los sindicalistas petroleros corruptos y a los empresarios gasolineros ladrones.

"Vigilen la rayita del marcador y defiéndanse", ordenó el delegado del gobierno federal que no rebuzna porque no sabe la tonada. ¿Con qué quiere que defiendan la rayita los ciudadanos asaltados? No ha de ser con la carabina, sino más bien con un taco de lengua, de la lengua que se le va a caer por hablador al cobarde delegado federal de nada.

diazgarza@gmail.com