Opinión

Aliciente

EDUCACIÓN, HOY

Por: Marcos Miranda Gil

Además de recursos suficientes, en educación siempre harán falta paciencia y perseverancia, acompañada de una visión clara y precisa de lo que se quiere hacer con ella, para construir un futuro, que por azares del destino, nunca está satisfecho y siempre está lejano. Curiosamente, no se educa para el presente… se trabaja para aligerar la incertidumbre de lo que creemos vendrá, y casi siempre esto no se parece a lo pensado. Jamás imaginamos la realidad como verdaderamente es y, por consecuencia, los programas y planes educativos sólo sirven como marco de referencia en color sepia, porque los hechos suceden de manera diferente. Hace 50 años, cuando estaba en su apogeo el método onomatopéyico para enseñar a leer y escribir en nuestro país, en salones de clases adornados con un pizarrón negro y una caja de gises blancos, se creía que el plan de 11 años de ese momento histórico ayudaría a resolver el problema gravísimo para la época del analfabetismo preponderante entre la población casi toda rural. 25 años más tarde, el discurso se centró, como hasta la fecha, en el alfabetismo funcional y en la cobertura educativa universal, al menos para alcanzar el quinto o sexto grado promedio a nivel nacional. Las expectativas estaban muy altas. Hoy, la diosa de la globalización hizo sus gracias, y a todos nos puso de frente un mundo más pequeño, al alcance de un teclado, y con pasmo observamos que no sólo se trata de saber leer y escribir, sino también para qué se sabe lo que se sabe, y junto con ello, nos invitó a subirnos al tren rápido de las redes sociales, que poco a poco cumplen con su función de enredarnos más en sus telarañas llenas de basura y frivolidad instantánea. La educación sigue siendo paciente, perseverante y visionaria; pues al final de cuentas, esta época no es de ella, ya que la verdadera educación siempre está destinada a la próxima generación.

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