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Opinión

Amarga Navidad

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Por: Martha Chapa

En estos días de fin de año y de cambios de gobierno no pude  dejar de tener presente aquella canción interpretada conmovedoramente por Amalia Mendoza que empieza con la inolvidable frase de: “Diciembre me gustó pa que te vayas…”.

Me refiero al año que ya concluye y abarca lo mismo logros y omisiones respecto a los planes que hicimos,  y así también a satisfacciones y momentos difíciles y problemas que debimos de resolver de la mejor manera, y desde luego nuevos retos que se posponen para el año siguiente.

Pero en todo caso, darle vuelta ya a la página. 

Por otra parte, es insoslayable la realidad de nuestros días y de fechas cívicas clave del calendario nacional cómo es el cierre del gobierno de Peña Nieto y el que se inauguró ya con Andrés Manuel López Obrador, aunque no queremos ver tanto hacia atrás y al parecer preferimos aplicar la dosis recurrente de la esperanza cada vez que iniciamos un  sexenio.

Y en consonancia con la canción, no han dejado de registrarse simultáneamente rudas decisiones y acciones del gobierno entrante, que además hemos visto un tanto apresurado en tan poco tiempo y que ya conlleva errores y aciertos, por lo que siguiendo con la canción no resisto igualmente la tentación de avanzar  con la letra que sigue, es decir: “…que sea tu cruel adiós mi Navidad”.

Esta Navidad entonces implica un sello particular, además de la envoltura de nuestras tradiciones propias de la cultura popular que incluyen arbolitos, esferas, reuniones para despedir el año con amigos y familia, gastronomía deliciosa alineando en la mesa familiar lo mismo pavos horneados, romeritos, piernas, lomos, ensaladas de nochebuena, ponches o bacalao, sin faltar las 12 uvas el mero día que cierra un año y se abre otro.

Al igual, como muchos mexicanos decíamos, han celebrado el inicio de una nueva gestión gubernamental en tanto muchos otros también la critican acerbamente en términos de un estilo muy similar al que vivimos en la etapa echeverrista, no sólo con su autoritarismo implícito, sino con sus folclorismo como sustitutos de un nacionalismo más genuino y profundo.

Asimismo, hemos de dejar  esas posiciones maniqueas de que todo lo del sexenio pasado estuvo mal, pues también hay cosas rescatables y algunos avances, como también que no satanicemos de antemano al entrante y que hasta se llegue a decir que el presidente actual de seguro va a buscar la reelección en su momento.

Digamos adiós entonces a esas tendencias extremas o radicales, por un juicio crítico y maduro (tan lejano o nada que ver con el presidente venezolano), así como lúcido y propositivo, sobre todo en términos de que nunca nos apartemos de la ley, ni de la Constitución y de nuestras instituciones e incluso que las fortalezcamos, manteniéndonos siempre vigilantes de que las decisiones de nuestros gobernantes apunten a un proyecto nacional con libertades, justicia, combate a la corrupción con sus debidos castigos y sanciones para quienes incurran en faltas, y muy especialmente desde mi punto de vista, a erradicar la pobreza y la falta de oportunidades que todavía en porcentajes significativos lacera nuestros días.

Quitarle simultáneamente al rostro de México ese reflejo nocivo del caudillaje, los falsos profetas, los demagogos, el autoritarismo o el Tlatoani iluminado supuestamente carismático. La verdadera solución no está en una sola persona, sino de la sociedad en su conjunto.

Tengamos pues esta visión de nuestros cambios, convencidos y firmes de que tenemos que responsabilizarnos y actuar a fin de que esta Navidad no resulte amarga ni angustiante. 

Una tarea que nos espera a todos en lo individual, familiar y social, para acabar con lo que esté mal pero también conservar lo que tanto trabajo nos ha dado construir, más allá de ocurrencias, caprichos y extravagancias.