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Amigos treintañeros

Per saecula saeculorum

Hace un tiempo leí algo sobre la amistad, a través del tiempo que me transmitió mucha nostalgia, me llenó de recuerdos y me puso a valorar a cada una de mis amistades más significativas, que han ido dejando estela en mi vida, que no se acaban, que siguen ahí, aunque por momentos se desvanezcan un poco. Lo quise compartir a mi manera. Hablo de esas amigas entrañables, con las que no hablas tanto y sólo te conformas con estar, porque el silencio jamás es incómodo, esas que son del alma, que te conocen desvergonzadamente y que siempre están clavadas en tu corazón, sosteniéndolo. De seguro cada quien en este momento está pensando en esa persona, uno de sus personajes favoritos, esa compinche con la que compartieron momentos inolvidables. Bueno, de esos amigos hablo. Que curioso que sea inevitable que las relaciones cambien con el tiempo y no podamos anticipar que dejaremos de ver tan seguido a nuestros mejores amigos, que raro que las vidas den giros de tantos grados y quedemos tan lejos sin hablar de distancia, simplemente de situaciones, de decisiones, de coincidencias, de chorchas o de nuestro universo entero conforme vamos creciendo. A veces, parece increíble la cantidad de tiempo que solíamos pasar con algunos amigos cuando éramos mas jóvenes, pero la explicación es sencilla: lo único que teníamos era amigos y tiempo, sin importar dónde vivíamos, si en otra ciudad, estado, país o continente, ya que siempre nos la podíamos arreglar para verlos, visitarlos constantemente, convivir, celebrar, viajar juntos por cualquier excusa o sin excusa alguna, ya fuera Semana Santa, Navidad, vacaciones de verano, de invierno, año nuevo, pascua o lo que se les ocurra, pretextos sobraban para discutir la escuela, el trabajo, el novio, el futuro, recordar tonterías o refrescarnos de noticias diferentes hasta bostezar del cansancio, trastabillar en tacones o morirte de la risa, a veces incluso llorar. Ya más entrados en los estudios la cosa cambiaba, había más responsabilidades, pero siempre tiempo para cigarros (de esos que nomás se fumaban las que lo tenían prohibido cuando había ocasión especial o estaban juntas) y uno que otro trago, bailoteo, afters y anécdotas dignas para contar. Cada quien conseguía trabajo y cambiaba de ciudad, pero los encuentros aún eran más posibles mientras los 30 no se acercaban. Pero irremediablemente los 20 se acaban (y para muchas antes de los 30) y llega la siguiente edad, junto con muchas decisiones, proposiciones, showers, despedidas, bodas y algo hermoso e inevitable: hijos (cabe mencionar que todo los bebés, niños y niñas de mis amigas, son hermosos, como pedidos por catálogo). A veces como hoy nos encontramos nostálgicas extrañando esas épocas o más bien a esas personas, y parece ilógico que sea muy difícil coordinar la vida para ver a tus amigos del alma más a menudo, incluso parece tonto e irresponsable poder o tener que verlas solamente una o dos veces al año, pero para muchas tiene que ser suficiente. No por el hecho de que vivan fuera, ya que incluso cuando viven cerca también se dificulta, ya que la vida se vuelve un poco más complicada, hay maridos, familia, compromisos, escuelas, prioridades, y planes que se cancelan. Tal vez nuestras pláticas ya no son de aquella noche que nos pasamos de copas, ni de las malas decisiones que se tomaban sin hielo y con vodka, ni de el antro que esta más de moda, ni de los secretos implaticables que sacábamos de vez en cuando a orear, ni del chisme del momento. No, ahora son amenas y simpáticas historias de hijos que tienen que corretear, metas por alcanzar, planes a corto plazo, trabajos en los cuales superarnos, alergias curadas con remedios caseros y naturales, modos de comida alternativa, festivales, dramas familiares y por supuesto dietas. Las llamadas por teléfono se vuelven más cortas, regularmente menos de cinco minutos, pero eso sí, los cinco minutos más divertidos, entretenidos y favoritos del día, si no es que de la semana entera. A veces hacemos llamadas de 15 segundos para recordarle algo a una mejor amiga, y todavía nos quedamos sonriendo todo el mes de tan solo pensar en la reacción y las carcajadas o el gusto que nos produjo semejante acción, como medicinal. En otras ocasiones pasamos hasta un mes o dos sin contacto, pero nadie se enoja, nadie sale herida porque sabemos que la siguiente llamada esporádica, o el siguiente mensaje o la siguiente puntada sea más divertida, y eso sin contar que todo mundo tiene Facebook y nos "stalkeamos" de vez en cuando, aunque no sea lo mismo. Así son las amistades después de un tiempo, dejas de verlas, haces nuevas, se mueven círculos, se dividen grupos, se estrechan lazos, a lo lejos pero más fuertes, rígidos e irrompibles porque no importa el tiempo que ha pasado desde nuestra última conversación de corazón a corazón, o la más estúpida y superficial del mundo, siempre se siente que no ha pasado el tiempo, que seguimos siendo sonsas, tontas, inmaduras, que nos reímos por cualquier tontería, detalle o aventura como antes, que nos tenemos de la mano, nos protegemos las espaldas, nos cuidamos con oraciones y aprendemos a apreciar nuestra compañía como el más precioso tesoro, dándole más sentido y exprimiéndolo al máximo y no porque estemos más viejas, si no porque vale tanto y es tan periódico que más vale que lo aprovechemos. Ah y claro porque también una que otra se fuma sus cigarritos a escondidas. ///

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