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Amor en tiempos de Whatsapp

Per saecula saeculorum

Cuando de pequeños pensábamos en el amor y en el futuro, muchos -y me incluyo- nos dejábamos llevar por lo que mostraban las películas, la comunicación, la facilidad para espiar a la pareja, cámaras en los lentes, micrófonos en un bolsillo, telecomunicaciones a más no poder, videoconferencias para siempre estar presente, estar allá, aquí y en todos lados pero sobre todo "cibernéticamente" con la persona amada aunque no la pudiéramos palpar (ahí es donde entraban los modernísimos lentes y software de la realidad virtual que te creaban el escenario deseado en la cabeza). Bueno, creo que de cierta manera, ese futuro ha llegado a nuestras vidas ya que se pudiera decir que nuestra generación es la que ha estado más dominada por la tecnología y gracias a ella ha logrado descifrar fórmulas, inventar nuevos mecanismos, desarrollar más medicinas, descubrir más planetas y facilitarnos la existencia, pero también nos ha convertido en unos idiotas que no podemos vivir sin twittear lo que nos pasa, no podemos respirar sin subir comentar como nos sentimos en Facebook ni comer sin tomarle una foto para instagram, ni conectarse con la gente para ver como está sin mandar un mensaje por el tan famoso y aclamado "Whatsapp". Se los repito, somos la generación que vive a través de la tecnología. Nuestras relaciones se basan EMOTICONS, HISTORIALES DE CHAT y ÚLTIMAS CONEXIONES. Vivimos tan pegados a los teléfonos que ya ni recordamos como era la vida sin ellos. Nuestros gestos, llantos, sonrisas y emociones son caritas amarillas en una pantalla, nuestros estados de ánimo son letras en frases patéticas y nuestros pleitos son indirectas o fotos taggeadas que no debieron ser sido tomadas jamás. Hace dos décadas (y vaya que lo recuerdo) se esperaba ansiosamente a que la persona que te gustara te marcara al teléfono FIJO de tu casa, si, ese que tenía un cordón en forma de espiral que no te dejaba alejarte mucho de tu mamá, que seguro siempre estaba con la oreja parada como antena parabólica, aún se utilizaba el correo, se mandaban cartas perfumadas y se dedicaban canciones en la radio. Hace un poco más de 10 años todo cambió a los mensajes de texto por teléfono, a los tan esperados e-mails que emocionaban tanto si pasaban de "2 KB" para arriba en tamaño. Hoy ya en la segunda década del siglo XXI todo el mundo que yo conozco, que supongo que es pequeño pero también yo lo soy, anhela con ansias locas que en su artefacto comunicativo le aparezca ese globo verde con un pequeño teléfono metido en el centro y un punto rojo anunciando inequívocamente que te ha llegado un "Whatsapp" , sobre todo de esa persona especial. Muchos creerían que la tecnología facilita las cosas cuando de relaciones se trata, pero la realidad es otra puesto que al escribir: "Te quiero mucho" existe la posibilidad de quedarse con los dedos en silencio y salirse con la suya. Las mujeres podrán ser más insistentes "¿Por qué no me contestas? Ya vi que estás conectado…" enojarse y también reconciliarse cuando le contesten "Sorry es que no vi el mensaje"… "Disculpa, es que mi celular estaba en vibrar", "Hey perdón, lo que pasa es que dejé el teléfono en mi casa"… Lo que hace a todos dudar y preguntarse ¿Cómo es posible que no lo haya leído si le llegó? Estoy segura que todos y todas han pasado por esto y les resulta bastante familiar ya que existen una infinidad de conflictos de pareja gracias al uso y también al abuso de Whatsapp ya que ahora resulta que nos parece más importante al beso de buenas noches que nos mandan por whatsapp que al ratote que pasamos juntos con esa persona especial, le damos más valor a corazones y rosas por mensajito que a un "Te quiero" dicho a la cara. Nos levantamos totalmente deprimidas si nuestra pareja no nos ha dado los buenos días, pero eso sí, somos las más contentas cuando de la nada nos manda una foto chistosa de su cara, o de lo que está haciendo, comiendo o lo que sea. Pero no se le vaya ocurrir estar en línea mucho tiempo y no estar platicando con nosotros porque ya empezamos a sospechar que hay otra en sus contactos que lo vuelve loco, y mucho menos se le vaya ocurrir no contestarnos después de haber checado su última conexión porque ese si es el acabose, ignore total y da pie a más desconfianzas, pleitos, discusiones y ridiculeces. Me pregunto ¿Qué clase de amor estamos motivando? Suena plenamente a uno virtual que se demuestra mandando tontadas para demostrar que en efecto estamos pensando en la persona amada, un sentimiento que no se puede oler, ni sentir, ni respirar, sólo contar en bits y en descargas. Es un simple baile de dedos sobre un teclado y unas sonrisas de idiota sobre un aparato… Que se siente bonito, sí, pero se "siente", "siente"? Ya lo decía Albert Einstein: "El día que la tecnología sobrepase la humanidad, tendremos una generación de idiotas" y vaya que suena a que no se equivocó… Por lo tanto a los que todavía pueden: ¡A RESCATAR EL VERDADERO ROMANCE SE HA DICHO!