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Amor y Paz

Amor y Paz, he allí dos palabras que tanta falta le hacen, en estos momentos, a los mexicanos. Dos palabras que son fundamentales en la vida de cualquier ser humano. Dos palabras que también son apellidos y cuyos significados marcaron los destinos tanto del poeta Octavio Paz como de la escritora Elena Poniatowska Amor. Los dos se conocieron, se respetaron y admiraron su respectiva obra. Acerca de la autora de Leonora, dijo Paz: "Ella misma se ha convertido en un personaje literario... Logra esa especie de musicalidad, que lleva esa cosa alada, cierta, como poética que observamos en el lenguaje de Elena Poniatowska... Es el pájaro de la literatura mexicana". Por su parte, Elena escribió en su libro Las palabras del árbol, dedicado a Octavio Paz: "En ti se concentra una verde algarabía en millones de hojas que se expresan por medio de la palabra. (...) Desde entonces sabemos el rumor del follaje, desde entonces tiemblan los intrincados jardines, juntan los árboles sus frentes porque has abierto, en medio de la jungla que nos agobiaba, una vereda luminosa y ancha por la que siempre, siempre llegaremos". Estas dos citas fueron escritas en paz y con mucho amor.

Tanto Octavio Paz como Elena Poniatowska Amor recibieron, en dos días seguidos, su respectivo homenaje. El lunes, la Comisión de Cultura del Senado de la República, en la persona de Blanca Alcalá, develó la placa conmemorativa del centenario del natalicio de Octavio Paz. El martes, Elena Poniatowska recibió la Medalla Bellas Artes, en la sala Manuel M. Ponce. Con estos dos eventos, arropados y organizados maravillosamente bien por Conaculta, a Octavio Paz le dijimos que descanses en paz, y a Elena Poniatowska Amor le declaramos, una vez más, todo nuestro amor.

Tuve el privilegio de asistir a los dos homenajes. En ambos casos las palabras de los espléndidos ponentes me llenaron de paz y amor. "Para Paz, el poeta tenía una misión que iba mucho más allá de la efusión estética y que convocaba a la inteligencia y la integridad moral para indagar en su contexto", dijo Armando González Torres, al presentar, en el Senado, la antología Itinerario crítico (co-edición Senado y Conaculta). Por su parte, en el homenaje a Poniatowska Amor, Héctor Vasconcelos apuntó: "Elena dio voz y testimonio a esas vidas que acaso hubieran quedado anónimas y las convirtió en literatura, esa literatura testimonial que, a la manera de Balzac o Mann, da cuenta de una época, una comunidad, un segmento de la sociedad, o bien un individuo único e irrepetible". Juan Villoro comparaba sus crónicas con las de los cuatro evangelistas. Lazcano Araujo decía. "La noche de Tlatelolco es un libro que cargamos como una lápida enorme en la memoria colectiva". Mientras que Tovar y de Teresa afirmaba: "México es un país al que ella ayudó a levantarse".

Marie Jo, la viuda de Paz, escuchaba a Jesús Silva-Herzog Márquez con una sonrisa en los labios: "Paz fue un hombre que toda su vida estuvo combatiendo por sus ideas. Contra otros, pero también contra sí mismo. Hay siempre un equilibrio que Octavio Paz está buscando entre un argumento y su opuesto".

En la entrega de la Medalla Bellas Artes, Elena nos habló, visiblemente emocionada, de su familia materna, los Amor (de la cual supo hasta que llegó a México, en 1942), porque "amor con amor se paga". Habló de su amor por los que ya se fueron: Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Federico Campbell y Guillermo Tovar de Teresa. Nos habló de su amor a su madre Paulette Amor, a su abuela, a sus 12 tías, a su padre, que padeció la Segunda Guerra Mundial, a su hermano muerto a los 21 años, a sus tres hijos, a sus 11 nietos ("de todos yo soy la que les doy más guerra") a su hermana y a Pita Amor. Mientras la escuchaba, me dije que sin duda su apellido materno había sido en ella una verdadera vocación; porque así como amaba a su familia, amigos y colegas, amaba profundamente a su país, que tanto la ama a ella. Lleva 82 años luchando y amando. Cada vez que la veía con su madre, Paulette Amor, me decía que ella era su único amor. Ah, cómo la quiso. Pero también amó a Jesusa Palancares y a Monsiváis, y a todos sus alumnas del taller de Alicia Trueba, entre muchas.

Paz amó a Marie Jo y a las Letras y se fue en paz. Elena está en paz porque supo amar y recibir tanto amor.

PD. Quiero pedir disculpas a mi sobrino José Ramón y a los lectores por haber omitido, en mi texto pasado, su apellido completo, López Portillo, el cual también forma, orgullosamente, parte de mi árbol genealógico.

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