Opinión

Amorosa Elegía

PISTA DE DESPEGUE
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Por: Agustín Galván

Adaptación libre de la novela El Congreso de Futurología (1971) del escritor polaco Stanislaw Lem (1921–2006) que no se priva de contener cierto sabor borgeano, El Congreso (2013, Francia, Israel, Belgica, Polonia y Alemania), la nueva película del director israelí Ari Folman (1962, Haifa), nos sitúa en una suerte de futuro mediato, justo en el momento en el que a una actriz que años atrás alcanzó cierta fama al protagonizar algunas cintas de éxito: La Princesa Prometida y Forrest Gump, Robin Wright (interpretada, claro, por Robin Wright), le es ofrecida una oportunidad para revivir su moribunda carrera: acceder a que un recién formado estudio de cine, los Miramount Studios, la escaneé para que sus nuevas películas sean actuadas por una contraparte virtual generada por un ejercito de artistas digitales.

Wright, hasta ese momento una antipática estrella de cine caída en desgracia debido a una cadena de malas decisiones a la hora de escoger proyectos, ya pasa de los cuarenta y está solventando apenas una crisis personal. Su época de gloria obviamente ya ha pasado, así que lo que ofrece el nuevo estudio de cine es la posibilidad de que encuentre un segundo aire sin los sacrificios que eso implica: botox, dietas, agotadoras sesiones de ejercicios y el alejarse de su familia debido a nuevos rodajes. Pero todo tiene un costo: de aceptar la propuesta de los Miramount Studios, ella deberá desaparecer de la vida pública para que sea su contraparte virtual la que viva ahora bajo los reflectores.

Tras repasar los sinsabores de la vida tras las cámaras, Wright accede y deja que el tal nuevo estudio de cine haga de ella un idoru. Pasan los años y resulta que las películas de la Wright virtual son un éxito, así que sin pensarlo la Wright real acude a un congreso de futurología auspiciado por Miramount Studios en el que, entre otras cosas, se resolverá la renovación de su contrato para más películas. Lo que ella no contaba es que en el mismo congreso se discutirá también el futuro de ese mundo virtual que el ya no tan nuevo estudio de cine creó para satisfacer la demanda por entretenimiento de una generación de consumidores que ahora desean ser algo más que meros espectadores.

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Porque ahora, lo que esos consumidores buscan es la posibilidad de ser aquello que desean. Incluyendo, por supuesto, a esa Robin Wright virtual con la que han crecido. Así que más que una mera renovación contractual, lo que la Robin Wright real estará peleando en ese congreso es por seguir siendo ella misma tanto en el mundo real como en ese mundo virtual que ella misma ayudó a formar.

Fue en el 2008 cuando Folman presentó Vals con Bashir, una alucinante cinta sobre las masacres de Sabra y Shatila en el Líbano. Utilizando grabaciones reales junto con algunas realizadas en estudio, el director y guionista recrea los sangrientos hechos valiéndose de la animación. Hechos que, por cierto, a él le tocó atestiguar.

Ahora, en plena era del meme, del VOD, del oculus rift y de los fans films, esta vez intercalando acción viva con animación, Folman construye con el El Congreso una ácida, fatalista y a la vez amorosa elegía sobre el arte cinematográfico que, cierto, quizá por momentos se ahoga en su discurso del arte vs negocio vs espectáculo, pero que como un todo es sencillamente la película que todo aquel que se diga amante del cine debe ver-discutir este 2014.

Twitter: @duendecallejero