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Opinión

Solidaridad con el CIDE. ¿Quién sigue?

RETORNO

Por Ana Luz Ruelas

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audima

La sistemática campaña de desprestigio y acoso político y administrativo que realiza el presidente Andrés Manuel López Obrador en contra del Centro de Investigación y Docencia Económicas, es un atentado en contra de la comunidad científica nacional más plural y crítica, que solo llevan a cabo regímenes de corte totalitario.

El lopezobradorismo está más atrasado en materia de autonomía que la ideología porfirista. En su discurso de inauguración de la Universidad Nacional en 1910, Justo Sierra, su creador, en presencia del dictador, señaló que la ciencia no conoce mas Gobierno que la ciencia misma, justificando la autonomía que se le otorgó. Esto sigue siendo válido. Las instituciones de educación superior, públicas o privadas, no pueden ser amigas ni enemigas de Gobierno alguno, su compromiso está con el país, la ciencia, la tolerancia y la pluralidad, pero AMLO las quiere alineadas a su 4T.

Los investigadores sinaloenses necesitamos elevar nuestra voz para impedir que se utilice al CIDE como laboratorio de una escalada en contra de las instituciones educativas críticas. Ya se inició contra la UNAM y ahora se van contra el CIDE, por carecer de autonomía, lo cual aprovecha Presidencia y la directora de Conacyt para intentar desmantelar sus estructuras de gestión y programas con la intención de ajustarlos a su línea política. 

AMLO no tiene rubor en acusar de derechista a una comunidad que tiene 117 profesores de carrera, 95 por ciento con doctorado (la mitad realizados en el extranjero) y 74 por ciento son del SNI que forman recursos humanos de excelencia y tienen una producción científica de reconocimiento mundial y de gran pertinencia para México. Desde hace más de dos décadas sus líneas de investigación, publicaciones, tesis, anticiparon temáticas que hoy se intentan priorizar por el Gobierno: estudios de violencia, justicia, desigualdad de género, migración, pobreza, grupos indígenas, desarrollo local.

Además de su evidente mala fe, el presidente exhibe una formación intelectual anclada en los setenta cuando fue alumno de la UNAM, y se consideraba derecha a cualquiera que no fuera socialista-marxista. Asimismo, su pobre vínculo con las instituciones académicas, a las cuales conoce de oídas o en actos políticos, le permite expresar ofensas que en boca de un mandatario son inadmisibles, no solo políticamente incorrectas. Le molesta que esa comunidad haya protestado por la confiscación de sus fideicomisos, y se las cobra.

Los referentes de universidades que tiene AMLO son organismos degradados y desprestigiados como la universidad autónoma de la ciudad de México que creó durante su periodo en el D.F., o las universidades Benito Juárez que intenta implantar accidentadamente en este sexenio.

Sus fobias son contra instituciones como el ITAM, el Itesm, El Colegio de México, el cual se ha salvado de la furia amloísta por ser autónomo, pero si no ya lo hubieran intentado asfixiar para acallar sus voces críticas. Solo lo justifican contados intelectuales adeptos del viejo nacionalismo cooptados con favores y lisonjas, como Lorenzo Meyer y Enrique Semo.

El CIDE es una institución pequeña en tamaño, pero con una red multinacional muy valiosa para México. En 2005-2008 la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la UAS hizo una alianza con esa institución para concertar un consorcio de universidades en Norteamérica: con Estados Unidos: Columbia, American y UCSD; con Canadá: McGill, Carleton y Alberta. Pudimos movilizar becados a muchos estudiantes de licenciatura y posgrado.

Docenas de profesores y profesionistas sinaloenses se formaron en el CIDE como Ezequiel Avilés, César Valenzuela, Leobardo Diez Martínez, Jorge de la Herrán, Vicente López Portillo, por mencionar algunos.

Hemos tenido oportunidad de colaborar en distintas comisiones de evaluación con muchos de sus líderes, como: Mauricio Merino, Judith Mariscal, María del Carmen Pardo, Kurt Unger, Andreas Schredler, David Arellano, que destacan por su erudición y generosidad. Pero además el país se beneficia de la rica obra de intelectuales como Jean Meyer, Ugo Pipitone, Catalina Pérez Correa, Ana Laura Magaloni, José Antonio Crespo, Carlos Bravo Regidor, Sergio López Ayllón y docenas más.

Estamos convencidos que el CIDE sobrevivirá, pues la casi totalidad de profesores y estudiantes han cerrado filas contra la imposición. Otorguémosle solidaridad.

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