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Año nuevo

Hoy, lunes 6 de enero, muchos habrán amanecido agradeciendo a los Reyes Magos (o los Santos Reyes, como les decíamos en mi infancia) por los regalos recibidos, o al menos por las calorías que la consabida rosca habrá depositado en nuestras cinturas, o en lo que alguna vez fueron nuestras cinturas.

Otros más darán gracias por lo recibido a lo largo del año que acaba de concluir. Desde quienes conservaron su empleo, su casa, su coche en medio de una desaceleración que se sintió cómo si fuera una recesión, hasta quienes simple y sencillamente agradecerán las cosas que muchos dan por sentadas, y que no lo son: la amistad, la calidez familiar, la solidaridad de su comunidad o de sus vecinos...

No faltará, por supuesto, quien piense o sienta que la vida, o al menos en 2013, le quedó a deber. Esos son los acreedores eternos, los que sienten que más merecen, y no con menos se conforman, y que no descansarán hasta lograr que la gente haga lo necesario para satisfacerlos, complacerlos...

Hay otros, muchos, que podrían sentir que alguien les debe: son los muchos damnificados por tormentas e inundaciones, que no sólo son víctimas de la naturaleza, sino también —y sobre todo— de la ineptitud, corrupción y complicidad de constructores y autoridades locales, estatales y federales. Pero esos, los que sí tienen derecho a sentirse acreedores, son los que más preocupados están por ver cómo ayudan al de junto, antes que por ver qué reciben de los demás.

No debemos olvidar tampoco a centenares de miles de niños que, paradójicamente, lo que más quieren es poder ir a clases, tener maestros presentes y no ausentes, aprender civismo, matemáticas, español, y no activismo y cinismo político/sindical.

Muchos legisladores creerán que los Reyes Magos deben consentirlos, ya que lograron, en un año, lo que otros no habían conseguido en más de 15. En efecto, diputados y senadores pueden presumir en sus cartitas haber sido niños y niñas buenos, pero si realmente quieren recibir regalos el año próximo, deberán, al menos, ocuparse de la legislación secundaria sin la cual no hay reforma que valga. A ver si cumplen. En la misma categoría se encuentran los funcionarios públicos que pusieron mucho para alcanzar los acuerdos que permitieron las así llamadas reformas estructurales que tantos exigían desde hace tiempo. Pero al igual que los legisladores, estos políticos deberán ocuparse de la puesta en marcha y aplicación de las reformas, para que no queden solamente en buenos deseos.

Millones de ciudadanos habrán pedido a los Santos Reyes seguridad, tanto económica como personal y jurídica. Desde las víctimas de la violencia criminal que no cede hasta quienes sufren por el incumplimiento de las leyes por parte de terceros. Llámense maestros que bloquean la vida cotidiana en el DF, delincuentes organizados que se hacen del poder en municipios de Michoacán o Guerrero, policías que abusan de su poder, los más regalados parecieran ser los violadores de la ley, y no los ciudadanos que tratan de cumplirla. Como suele ser costumbre en México, los que se merecen regalos suelen ser los que menos reciben, y los que se portaron mal son los más premiados.

No sé, porque al momento de escribir estas líneas los Reyes aún no hacen su arribo, si este año será igual que los anteriores en ese sentido, o si los sabios de Oriente se pondrán la pila, y los anteojos, para ver quién sí y quién no debe recibir todo lo que pidió, y todo lo que merece.

Porque eso sí, a lo largo de los siglos, los Reyes nos han quedado a deber... Ojalá este año, y los que vienen, sean diferentes.