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Ante la tempestad, el silencio

En menos de dos semanas, México ha dejado de recibir 2 mil seiscientos millones de dólares en inversiones automotrices estadounidenses. Primero fue la Ford en San Luis Potosí y después el consorcio de Fiat y Chrysler. La tercera de las grandes, General Motors, reducirá el ritmo de sus operaciones con uno de sus modelos más exitosos. Los amagos del presidente electo de Estados Unidos de aplicarles un impuesto de importación del 35 por ciento les tiene atemorizados y, para desgracia de México, les ha llevado a actuar en consecuencia. Esta tendencia a cancelar inversiones no puede continuar sin que genere un grave daño a nuestros empleos y a la economía en su conjunto.
La reacción de nuestro gobierno, hasta donde sabemos, se ha limitado a “lamentar” la cancelación de estas inversiones y a demandar que, en el caso de Ford, paguen por los trabajos que se venían realizando en la construcción de la planta. A menos que algo importante se esté negociando o discutiendo sin el conocimiento del público, este tipo de reacciones son a todas luces insuficientes. El principal inversionista extranjero en México se llama Estados Unidos. Si no se detiene a tiempo esta estampida de inversiones, otras industrias y otros países seguirán el ejemplo de las armadoras de automóviles, afectando distintas ramas productivas. Ello se traducirá en mayor desempleo y desaceleración económica en general.
Nuestras autoridades han mostrado un manejo ineficaz y tardío ante los riesgos que entraña la llegada del nuevo presidente. Mientras que Trump no se ha esperado a tomar posesión para llevar a la práctica sus promesas de campaña, el gobierno mexicano da la impresión de seguir esperando a que llegue a la casa Blanca para empezar a defender los intereses de México. O, peor aun, sigue confiando en que al ocupar la presidencia abandonará sus intenciones. El daño ya se está mostrando. Se ha perdido tiempo precioso desde el 8 de noviembre para emprender acciones de nuestro lado, en éste y otros campos.
Como contrapeso a las acciones del magnate, México necesita ofrecer incentivos atractivos y novedosos a la inversión foránea. Para cada carta que utilice Trump, sea en lo migratorio, en la frontera o en el comercio, México necesita una réplica, un antídoto y, en pocas palabras, una estrategia. Una de ellas, sería comparar notas con los grandes corporativos norteamericanos que invierten en México. Hablar con ellos, negociar con ellos para hacerles ver el contraste entre las amenazas de Trump y los beneficios que pueden obtener de su presencia en México. Esto incluye el hecho de que tenemos más tratados de libre comercio que Estados Unidos, más acceso al mundo.
La parálisis es la peor receta frente a alguien como Trump. Este personaje tomará todas las fichas que estén a su alcance si se lo permitimos. Si, peor aun, esa parálisis obedece a que simplemente no sabemos qué hacer, qué medidas aplicar o qué ofrecer a nuestros socios económicos, entonces dará igual que nos sentemos o no en una mesa de negociaciones porque no sabremos siquiera lo que estamos negociando y con qué instrumentos.