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Aprendiendo a valorar la vida

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A veces no sabemos valorar la vida; si es así, pues hay que aprender para poder disfrutarla. No es que siempre sea todo color de rosa, a veces tenemos cosas que pensamos no deberían pasar, nos sacan de balance, no sabemos ni cómo afrontarlas, pero aún así, deberíamos ver lo positivo y disfrutar de ella.

Naturalmente no para todos las edades es igual de fácil, pero con la edad que tengamos, 50, 60, 70 y más, si estamos aquí, no hay que vegetar, hay que vivir. No pienso que con cosas grandes y maravillosas, que es lo que queremos, si llegan, qué mejor, pero sino, a buscar la manera de olvidarnos un poco de quejarnos, de lo que nos molesta y nos desagrada, y mejor pensar en las muchas bendiciones que tenemos, no es fácil, menos ponerlo en práctica, lo difícil es no pensar en lo que nos falta, que siempre es mucho.

Ya lo tenemos bien comprobado que en esta vida no se puede tener todo, si conseguimos algo que queríamos y le pusimos nuestro empeño, nuestro trabajo, en cuanto lo conseguimos ya nos falta otra cosa. Qué bueno que luchemos por lo que queremos y trabajemos para conseguirlo, que aspiremos a más, pero "ojo" mientras tanto hay que valorar lo que Dios Nuestro Señor nos ha dado.

Pensemos que a veces ni siquiera nos pasa por nuestra mente que tenemos mucho más que otros, en cualquier nivel, porque siempre vemos hacia arriba, ni se nos ocurre ver para abajo.

¿Tienes salud? Qué afortunado, que consentido eres tú y yo. ¿Te has puesto a pensar en los que no ven, en las personas con capacidades diferentes, en los que toda una vida dependen de otros para lo más natural, en los que toda una vida necesitan una silla de ruedas para moverse y algunos ni esto tienen?, y ahí te vas, con infinidad de historias de sacrificios, de lucha.

Escribí hoy, "Aprender a valorar la vida", porque me conmovió ver, aunque ya lo había hecho en otras ocasiones, a un muchacho, tenía familia, 3 hijos, nació sin brazos, sin manos y contaba cómo él hacía todo, era indocumentado en Estados Unidos y se ganaba la vida pintando y vendiendo sus cuadros, por supuesto chiquitos, pero la dificultad para hacer todo con los pies, para trasladarse de un lugar a otro, para vestirse, para comer, lavar su ropa, y le tenía que mandar dinero a su familia en Ecuador. Él deseaba conseguir una bicicleta adaptada a sus necesidades para moverse más fácilmente, y así ganar más, por supuesto que se la dieron en un programa de televisión, lloraba de la emoción.

Y nosotros quejándonos por quítame estas pajas, de verdad es que no reflexionamos, no valoramos lo que tenemos, una familia, una casa, un plato de comida y tantas pero tantas cosas más. A la mejor nos falta algo, pero tenemos mucho más que otros. Dice un proverbio árabe, "Yo me quejaba porque no tenía zapatos, hasta que vi a alguien que no tenía pies". Así que a valorar lo que tenemos, a ser feliz, a saborear el momento, a levantarse ilusionado con tu día. Hay que hacer cosas que te agraden, pequeñas o grandes, y, como dice Jorge Bucay, "Hay que estar de novio con la vida", "Hay que buscarse un amante".

No sean mal pensados: amante es lo que nos apasiona, lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido, sigue diciendo; lo encontramos en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo, en los amigos, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby.

En fin es "alguien" o "algo" que nos pone de novio con la vida y nos aparta del triste destino de durar. ¿Y qué es durar? Durar es tener miedo a vivir, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos sin necesitar, cuidarnos del frío, del calor, del sol de la lluvia, observar cada nueva arruga que nos devuelve el espejo.

Por favor, no te empeñes en durar, búscate un amante y sé la protagonista de la vida. ///

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