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Opinión

Apuesta arriesgada

LA HOGUERA 

Por Gabriel Yàñez Pérez

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Creíamos que los partidos políticos habían aprendido la lección y que se preocuparían por formar nuevos cuadros y postular caras nuevas, privilegiando sobre todo aquellos perfiles que han demostrado eficacia, transparencia y buenos resultados en su carrera política o como funcionarios públicos.
Sin embargo, lo que estamos viendo con los partidos es el fortalecimiento de los añejos esquemas lineales de centralización en la toma de decisiones, donde las relaciones de poder a nivel cupular están definiendo las designaciones de sus candidaturas. Esta práctica representa una apuesta muy arriesgada, sobre todo cuando con ello se ignoran los liderazgos locales y se insiste en postular cuadros con mucho desgaste o con un gris desempeño en su currículum. Ante este panorama, habrá que ver entonces hasta dónde los candidatos a gobernador podrán arropar a sus candidatos a alcaldes y diputados, cuando lo que se contemplaba era que los segundos le acarrearan votos al primero. Por lo pronto, en el PRI ya tienen proyectadas o definidas las cartas (para diputaciones y alcaldías) con las que habrán de participar este próximo 6 de junio. Respecto a ello, son muchas las voces que advierten de rompimientos internos y desbandadas de militantes, sobrevalorando incluso esta posibilidad como un factor decisivo entre la victoria y la derrota. 

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Es verdad que las inconformidades internas representan un elemento sumamente adverso que no se debe soslayar; sin embargo, es natural que al momento de cualquier definición, haya siempre quien o quienes estén en desacuerdo y decidan sublevarse o abdicar. Sin embargo, la realidad es que en la enorme mayoría de los casos, este hecho, como lo señalamos, está altamente sobrevalorado o sobredimensionado, toda vez que ese capital político (entiéndase seguidores) no llega a ser nunca como se pregona y menos aún a erigirse como factor decisivo en el resultado de la elección. Y es que si bien es cierto que cada político tiene a sus fieles adeptos que lo siguen ciegamente y abandonan sin pensarlo su propio criterio para votar como se les dice, la realidad es que no deja de ser un selecto grupo conformado por aquellos a quienes, más que la convicción, suele principalmente moverlos un interés. Ahora bien, de ahí a que las masas los sigan y sean capaces de orientarlas a su voluntad con la trillada entelequia de que son “su gente” o “su pueblo”; la verdad es que hay una enorme diferencia.

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Lo que sí es verdad es que hoy los electores, principalmente los jóvenes, no están dispuestos a ser rehenes de grupos políticos que solo los utilizan para alcanzar el poder. Y como en los próximos comicios se espera por tanto que el voto sea mucho más reflexivo y no clientelar, el verdadero talón de Aquiles estará en la calidad de sus candidatos. De ahí pues que vemos como una apuesta muy arriesgada la que hizo el PRI al apostar por algunos cuadros con mucho desgaste, dejando fuera a una camada de políticos a los que ya se les contemplaba como parte de un verdadero relevo generacional. Por lo tanto, la incógnita que ahora se mantiene es en torno al futuro que les aguarda a esas caras nuevas que el gobernador, Quirino Ordaz, vino posicionando durante su administración y que no solo respondieron a su confianza, sino que le sirvieron a Sinaloa gracias a su eficiente desempeño, profesionalismo y productividad. 
¿Se desaprovechará el talento por ejemplo de gente como Sergio Jacobo, Sergio Arredondo, Gabriel García Coppel, Connie Zazueta, Pepe Chuy Gálvez, Arturo Sato, Ricardo Madrid y Carolina Hernández Matus? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que sería un gravísimo error dejarlos fuera de alguna responsabilidad importante dentro del engranaje que moverá la maquinaria priista a favor de Mario Zamora.
LOS MARGINADOS.- En la misma tesitura de lo que comentamos líneas arriba, hay también otro pendiente que el PRI deberá atender con justicia y privilegiando la capacidad de las personas. Nos referimos al reparto de las regidurías, donde muchos ven un premio de consolación que obligaría a cederlas por cuotas y padrinazgos, dejando por fuera a militantes preparados que por siempre han sido marginados. Y es que si bien es cierto que esta figura representativa no se elige por separado (aún), es un hecho que esta posición no es cosa menor, ya que la conformación de un cabildo profesional puede potencializar la gestión de un alcalde o, como ya lo hemos visto, ser solo comparsa de tropelías, extravagancias y corruptelas. Así que el llamado a los electores es a valorar también los nombres de quienes se incluirán en las planillas de regidores que acompañarán al candidato o candidata a alcalde, a efecto de que esto pueda no solo ser valorado, sino que incluso pueda ser un factor de decisión al momento de emitir el sufragio.

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