Opinión

Árbol familiar

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Por: Roberto Valdez

"La mano que mece la cuna es la que rige al mundo". Peter de Uries.

Hay personas con las que hemos coexistido, que tienen un lugar importante en nuestra vida. Algunos siguen cerca de nosotros, otros están lejos y los vemos a los meses o años, y algunos se han ido de este plano físico, pero continúan en nuestro corazón.

Todos son nuestra familia, aunque a veces solo sentimentalmente. Este núcleo, la familia es el espejo de la sociedad; cuando está unida en bases morales sólidas, refleja una comunidad en paz y armonía.

Es como un robusto árbol, formado a partir de profundas raíces, soportado por fuerte tallo, distintas ramas y numerosas hojas, simbolizando a los padres, hermanos, parientes, y yo incluyo a los amigos que hicieron nido en el árbol.

Las ramas no son idénticas, son más bien diferentes, pero cada una cumple con su función para darle vitalidad y belleza. Así, unidos por el sentimiento filial, fraternal o amistoso, conviviendo en completa paz, y respetando esas pequeñas y nada importantes diferencias, tanto un José Ramón como Fernando, con Francisco, Carlos o Arturo, unidos a Silvia, Lupita, Beatriz y Socorro, pueden dar ejemplo y testimonio de que cuando se está unido como familia, todos están bien, se sienten felices y, por tanto, transmiten paz hacia el exterior, hacia el mundo.

Y nuestra ciudad también es un árbol: formado por sus habitantes que le podemos dar fortaleza, vitalidad y belleza a base de respetarnos y considerarnos todos como tallos u hojas vivas.

Algunas hojas o ramas se han desprendido del árbol, pero cumplieron su función en su tiempo, fueron de utilidad. Son los amigos, los hijos, los parientes que ya no están pero que aún recordamos con amor y aunque no estén, nos motivan a seguir cumpliendo con nuestra misión.

rvaldezp@prodigy.net.mx