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Arma estratégica

GUASAVE

En verdad no termina de asombrar el montón de información que brota en cuanto a ubicación, número, nombres, "modus operandi", fichas signaléticas y grados de peligrosidad de grupos criminales que en Sinaloa han desatado desde años atrás las peores escaladas de violencia.

A medida que se agudiza la incidencia delictiva, las noticias sobre antecedentes, filiaciones, desplazamientos e ilícitas actividades pasadas y presentes, son cada vez más abundantes y públicas, algo que no deja de sorprender a la sociedad.

Ciertamente mucha de la información ya circula profusamente entre la gente, pero más como leyenda urbana que con la precisión que se maneja y plasma oficialmente, pero igual con tintes de elitismo en la que ni por asomo participa el Estado.

Resulta obvio que la vorágine de datos que abre el mundo infrahumano de la delincuencia y permite conocer con pelos y señales lo concerniente a los tristemente célebres personajes, no es producto de la casualidad ni perlas periodísticas. Mas bien es extraída de un valioso "banco" que sólo poseen las corporaciones.

Entonces hay que admitir que a partir de este sexenio, quienes combaten el hampa, finalmente le han entrado al toro por los cuernos, hablando estrictamente de las fuerzas federales.

Está claro que se realiza un riguroso monitoreo de las actividades criminales y también acuciosas investigaciones que por lo que se sabe y se ha visto según los aislados "golpes quirúrgicos", empieza parcialmente a dar buenos resultados.

Por otra parte se calcula que toda esa información que obra en su poder, les permite saber de quiénes se trata, cómo y donde operan para diseñar las estrategias que por un lado conducen a sus capturas y por otro intentar prevenir sus embates.

Y precisamente a la luz de estas reflexiones, es que preguntamos dónde radica el verdadero problema que ha impedido durante años, atajar con eficacia el derramamiento de sangre, robos, asaltos, si en los "dossiers" de la policía obran documentados expedientes con información priviligiada, cuando sin duda ésta es una arma más efectiva y poderosa que la propia capacidad de fuego que tienen.

¿O acaso será que no es compartida con el gobierno estatal, por desconfianza y temor a que sea usada en contra?

En ese sentido con todo y que en los últimos meses se ve cierta contundencia en las acciones policiales, es evidente que no se ha aprovechado a plenitud el cúmulo de información con la que se cuenta, pues la inseguridad sigue siendo una de las asignaturas pendientes de los gobiernos. También la coordinación.

¿Por qué? En verdad ignoramos la respuesta, pero sí da lugar para pensar que el desperdicio del capital informativo que guardan las instituciones federales, tiene mucho que ver, en principio por desconfianza al Estado y en segundo, con la inercia, la pasividad y escasa formación profesional para armar tácticas de combate e investigación, persecución y seguimiento de los casos.

Por lo general cuando se producen delitos, que es muy frecuente, cualquiera que sea su gravedad, verbigracia los asesinatos masivos o de los propios policías que han caído como moscas en este sexenio, los cuales se mantienen en completa impunidad, la reacción de la autoridad es más espectacular que efectiva y por encima de todo momentánea.

Es hora que la valiosa información con la que cuentan las corporaciones policiacas, antes de ser utilizada con fines publicitarios, se aplique como un instrumento vital y estratégico, también para las estatales que las lleve a luchar coordinadamente con posibilidades del éxito que hasta ahorita no se ve. No en la medida deseada.