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Opinión

El peso de nuestros días

DESDE NUESTROS DERECHOS

Por Armando Salazar

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Ofelia sale apresurada de su casa. Apenas tiene tiempo para llegar al trabajo, cuando un pensamiento la detiene, justamente, en la puerta. Se persigna y se va. Ella trabaja en la escuela que apenas hace unos días vivió el pánico de una balacera en las calles de Culiacán. Su gesto religioso, (como el de millones de mexicanos), no es más que una súplica para poder volver a su hogar con bien, volver abrazar a sus hijos, estar con su familia.


Nuestras ciudades se han vuelto agresivas, desiguales, violentas, inseguras. Las balaceras, ejecuciones, arrancones, disparos, “levantones”, agresiones, robos, bloqueos, detenciones ilegales, desapariciones, feminicidios, son sólo un ejemplo del amplio repertorio de atentados a los que estamos expuestos. No, no sólo lo viven las personas que andan en “malos pasos”. Toda la ciudadanía la sufre en diferentes grados, en distintas maneras. A todas y todos nos pega.


¿Con qué recuperamos la terrible experiencia de unos niños que tienen que tirarse al suelo por una balacera afuera de su escuela? De una familia que no puede salir del restaurante porque una discusión acalorada entre individuos (que viajan en autos sin placas y portan armas), los retiene contra su voluntad. Niños y niñas que son testigos de bloqueos ilegales por grupos criminales que actúan en total impunidad, amagando a los vehículos.


A pesar de la belleza de nuestras ciudades, los mexicanos hemos aprendido a vivir con esa losa, esa opresión en el pecho, que representa tomar en transporte público, que significa transitar por ciertos sectores, acudir a un banco, salir de noche. La inseguridad nos muestra el peso de los días. Días oscuros como el “culiacanazo”, que no se fueron. Su violencia latente sigue aquí, sin control.


La cultura de la violencia, de la ilegalidad, de la impunidad, se expande peligrosamente en la mente de nuestros niños, de nuestras niñas, de nuestros jóvenes. Volvimos a tener balaceras, convoyes y bloqueos a plena luz del día, sin ninguna consecuencia, en total impunidad. Quedan grabados en las mentes, en video, en redes sociales. Generan alarma.

No hay respuesta. Sólo te queda esa sensación de pesadumbre e impotencia, y te preguntas: ¿quién controla la ciudad? Desde hace muchos años, pero ahora acentuado de forma palpable, desde que se presentó el “culiacanazo”, la autoridad ha perdido el control. Los gobiernos locales parecen que fueron deteriorando cada vez más a las fuerzas del orden, hasta volverlas impotentes, incapaces, insuficientes.


¿Y cuál es la respuesta de la actual administración? El pasado 29 de abril de 2022 se publicó en el periódico Oficial “El Estado de Sinaloa” el Plan Estatal de Desarrollo (PED), para el periodo 2022-2027. El documento rector de la actual administración en el Estado de Sinaloa.

¿Qué se propone para aliviar el peso que viven los ciudadanos?, ¿cuáles son las estrategias para recuperar el control de nuestras ciudades? El reto de inseguridad y violencia es una prioridad, porque “siega vidas, lastima familias, inhibe inversiones y, lo peor, nos disputa a nuestros jóvenes con engañosas ofertas de oropel y de riqueza fácil”, conforme al PED.


Desde esta columna hemos hablado de la grave insuficiencia de efectivos policiales en la entidad. Un punto neurálgico si se quiere recuperar el control de la seguridad pública, o mantener el deterioro de estas funciones. Lamentablemente, el PED mantiene las mismas estrategias de los sexenios anteriores, basta analizar el estado de fuerza policial.


Se creó la Universidad de la Policía de Sinaloa, que es un gran proyecto para brindar el servicio de educación superior en sus diferentes niveles (y disciplinas científicas y humanísticas), de conductas antisociales. Es una buena idea, pero antes de brindarles educación superior al personal de seguridad pública, necesitamos formar policías. Hay que enfocar los recursos en nuestra urgencia. El problema es que no tenemos policías suficientes en el Estado.


Y aquí entra un elemento crítico del PED en materia de seguridad. La meta del PED en el indicador de “Elementos en la Policía Estatal Preventiva” es pasar de una total de 798 policías estatales a un total de 1500 (como mínimo), o 2,200 (de forma óptima), para el año 2027. Es decir, tenemos que esperar 5 años más para agregar 702 agentes de policías a nivel estatal. Con un promedio de 140 por año (en la meta mínima) o 280 (en la meta óptima). Simplemente es insuficiente, y es condenar a la población a vivir en inseguridad por falta del ingrediente mínimo, los policías. Parece que va ser otro sexenio perdido en esta materia.


Otro aspecto que el PED deja de lado son las policías municipales. Apenas atiende el tema de la policía estatal (de forma insuficiente), pero deja el grueso del problema sin tocar. No hay un programa para incrementar, conjuntamente con los municipios, la fuerza policial en sus demarcaciones. El déficit más grande de policías, se encuentra a nivel municipal con apenas 4,153 agentes en todo el Estado, según el PED.

Se evade la responsabilidad compartida en materia de seguridad pública. Condena a los municipios a seguir sin las condiciones para brindar el servicio de seguridad. De esta manera es muy previsible pronosticar quién continuará con el control de nuestras calles, mientras los ciudadanos apenas resisten el peso de nuestros días.

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