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Artículo 300

Gracias a la oportunidad de esta casa editorial, y a la generosidad de sus lectores, hoy escribo mi artículo 300. 
Con el permiso del respetable, les comparto algunos fragmentos de artículos que he escrito en estos años de colaboración. 

La república del rollo. Los mexicanos hablamos mucho. Nos expresamos con demasiadas palabras. Pensamos que es una descortesía plantear un asunto de manera concisa. Por eso somos repetitivos. La brevedad nos asusta.Los políticos son un reflejo de lo que somos. Hablan mucho y les entendemos poco. Hay algunos que son verdaderos maestros en hablar sin decir nada.

La pereza de la crítica. La crítica ha dejado de ser un ejercicio de reflexión serena y objetiva, para convertirse en un grito. En un lamento infinito. En una queja hacia todo y contra todos. Hoy la crítica es una expresión sin rumbo. Más que un dardo que mueve conciencias y corrige, la crítica se ha vuelto una repetición inducida por los manipuladores. Un desahogo. Una reacción frenética.

La política está en un pantano. No alcanzamos a ver que la política ya no es el centro del todo que fue antes. No caemos en la cuenta que la política ha perdido poder. O para decirlo de otro modo: la política ya no tiene el monopolio del poder.  La nueva sociedad plural le ha quitado  parte del poder a la política y eso en apariencia es bueno. Pero luego entonces, ¿quién se ha quedado con ese poder? ¿Quién será ahora el árbitro de nuestros desencuentros?

La política necesita prudencia. Cuando la política fracasa, es el reflejo de nuestro fracaso. La política es nuestro espejo. Por eso la despreciamos. No nos queremos ver reflejados en ella. La política es una actividad  demasiado importante como para que nos quedemos con la peor de sus imágenes. Defender a la política no es defender a los malos políticos. Por el contrario, es limpiar a la política de ellos. 

Los enemigos de la sociedad. La sociedad mexicana está muy entretenida con sus pleitos. En una guerra de todos contra todos. Nos hemos vuelto repetidores de consignas para ofender, cuestionar y tensar nuestra convivencia. Las energías sociales están obsesionadas en una dinámica de confrontación, discordia y reparto de recriminaciones. En una dinámica que nos mantiene muy lejos del ánimo y la inteligencia que debe existir para repensar y transformar las realidades más dolorosas que padecemos. En las discordias sociales siempre hay ganadores ocultos. ¿A quién le estamos haciendo el juego sin querer?

La satanización del presente. Pareciera que no vivimos nada bueno. Que nuestro presente es un hoyo oscuro. Al menos eso refleja nuestras conversaciones cotidianas. También las narrativas colectivas de los medios y las redes. Sí, hay una realidad cruel. Los hechos, hechos son. Crímenes, asaltos, golpizas en las escuelas y en los estadios. Burla, discriminación, odios. Sí, ahí está la realidad con sus fotos y videos. Pero también está nuestro afán de difundir todo lo abominable. Cada uno en lo individual es ya un medio de comunicación. Un reportero de la realidad cruel. Un difusor aplicado de las malas nuevas. Se ha tejido entre todos una narrativa de miedo, zozobra e incertidumbre. Un mal disimulado morbo por la violencia. Hay una fascinación por el luto humano ajeno. Por la desgracia, vergüenza o dolor del otro.