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¿Asesinos por naturaleza?

PISTA DE DESPEGUE

El primer incidente ocurrió el 20 de febrero de 1991 en el parque acuático canadiense Sealand. La joven entrenadora Keltie Byrne cayó en el estanque en el que tres jóvenes orcas nadaban. Una de ellas se llamaba Tilikum. Byrne murió en ese estanque. Las autoridades hablaron con testigos y concluyeron que lo que ocurrió fue un accidente. Las ballenas asesinas pensaron que la joven era un juguete, así que jugaron con ella. Aunque se lea ridículo, a las tres orcas no se les levantaron cargos. El incidente afectó al parque, que cerró a los meses. Tilikum fue transportada a Sea World de Orlando Florida en 1992.

El segundo incidente ocurrió el 6 de julio de 1999. El joven Daniel Dukes fue encontrado en el estanque de Tilikum. La orca jugaba con el cuerpo. Según la investigación, Dukes entró como visitante y se escondió hasta que el parque cerró. Luego fue hasta el estanque de las orcas para nadar con ellas. Al cuerpo se le realizó una autopsia y de nueva cuenta a Tilikum se le descartó como asesino. Los forenses encontraron marcas de mordidas y golpes, pero determinaron que fueron post-mortem. Dukes se ahogó en el estanque presentando señales de hipotermia y luego la orca jugó con su cuerpo.

El tercer incidente ocurrió el 24 de febrero del 2010. Puede que lo recuerden, la noticia le dio la vuelta al mundo. La entrenadora Dawn Brancheau fue asesinada por la ballena al terminar una rutina frente a varios visitantes. Esta vez los hechos hablaron por sí mismos, el animal jaló a la mujer y la mantuvo en sus fauces hasta que el resto del personal pudo quitársela.

La orca fue retirada de los espectáculos. Se dice que la usaron para preñar a otras orcas en cautiverio. Las autoridades del parque dieron un comunicado en el que catalogaron al incidente otra vez como un accidente provocado por la propia entrenadora, que sostenía su pelo en cola de caballo.

En marzo del 2011, Tilikum regresó a los espectáculos a pesar de su avanzada edad e historial. Lo único que ha cambiado es que ningún entrenador nada con ella.

A partir de esos tres incidentes, la cineasta Gabriela Cowperthwaite arma un poderoso documental llamado Blackfish (2013, Estados Unidos). Haciendo un seguimiento sobre la forma en la que son capturados los especímenes que luego formarán parte de los varios parque marinos diseminados por el mundo, sobre las técnicas de entrenamiento y las condiciones en las que viven en cautiverio, la cineasta va armando un thriller que nos muestra la otra cara de la industria del espectáculo y sus lamentables consecuencias, mientras da un perfil que hasta puede tomarse como psicológico sobre tan imponentes bestias

A partir de entrevistas y la recopilación de material visual que alterna entre formatos de alta definición a viejas imágenes en video, Blackfish deja clara sus intenciones desde su arranque: no estamos ante una cinta que se conforme con seguir la estructura del Whodunnit? Blackfish la trasciende, convirtiéndose en un efectivo Whydunit? que no se agota en una verborrea ecologista antianimales en cautiverio tan de moda en estos días.

Su discurso es claro y contundente, tanto que hasta aparece como tag-line en los carteles promocionales: nunca captures algo que no puedes controlar.

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