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Se inicia un año nuevo y con él la cuenta regresiva para conocer si efectivamente habrá en Estados Unidos una reforma migratoria que regularice la situación de los más de 11 millones de trabajadores indocumentados en ese país, más de la mitad de los cuales son connacionales.

En pasadas ocasiones me referí en estas mismas páginas a algunos de los temas que secuestraron la atención a esta reforma, pero tal vez el mayor obstáculo fue la oposición de los diputados republicanos, empezando por el presidente de la Cámara Baja, John Boehner.

Un rápido balance a principios de enero de 2014 muestra que el Senado estadounidense cuenta desde el pasado 27 de junio con una sólida propuesta que incluyó el llamado "plan de refuerzo en la frontera" que, entre otros elementos, duplicó el presupuesto y los efectivos de la patrulla fronteriza.

Sin embargo, el presidente de la Cámara Baja no inscribió la propuesta senatorial en la agenda de discusiones de esa soberanía y los representantes, particularmente los republicanos, se sintieron en libertad de presentar proyectos que no incluían la posibilidad de ciudadanización y estaban dirigidos a sectores específicos entre los indocumentados, como los "dreamers", los trabajadores agrícolas y los altamente especializados.

Así las cosas, hay quienes sostienen que si no se logra algún tipo de reforma en los primeros meses del año, ésta será archivada. En el horizonte están las elecciones del próximo noviembre, cuando habrá de cambiar toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Los legisladores estarán más preocupados por temas locales, además de que muchos de ellos representan comunidades donde lo migratorio no es demasiado importante.

Para salvar la reforma hará falta un fuerte liderazgo. El presidente Obama ya no está en capacidad de proporcionarlo, dada la pérdida de capital político ocasionada por su legislación en materia de salud, sus choques presupuestarios con el Congreso, y el hecho de que rompió el récord de deportaciones en sus primeros cinco años de gobierno.

Los optimistas que señalan que todavía hay tiempo, apoyados principalmente en el ya demostrado peso electoral del voto hispano y la militancia de activistas e indocumentados, particularmente los "dreamers".

Es posible esperar que la reforma migratoria vuelva a las discusiones de la Cámara Baja en la primavera. Boehner se resiste a debatir el proyecto integracionista del Senado y prefiere ir paso a paso, lo cual es rechazado por el movimiento pro reforma migratoria que se ha hecho sentir en todos los rincones del país. No la tiene fácil el presidente del Congreso, pues si presenta un proyecto que no garantice la aprobación del pleno por al menos 218 votos, se expondrá a una importante derrota política en un año electoral.

debate@debate.com.mx