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Atenta invitación

DESDE LA CONFRATERNIDAD

Esta invitación la he hecho muchas veces pero de forma privada. Hoy, en cambio, la hago pública y para todo aquel que quiera avanzar en su desarrollo personal. Desarrollo que se ha dado, se está dando y seguirá dándose en el futuro de cada quien, si se adquiere la costumbre o el hábito de leer. El leer es un placer, y se puede dar en exceso, cuya consecuencia es productiva y formativa, a la contra de muchos otros placeres. Porque es una actividad esencialmente divertida y creadora. Divertida porque estimula la imaginación y la creatividad. ¿O acaso hay algo más divertido que jugar con la imaginación de personajes ficticios y aprender a ser mejores cada día? Imposible pensar que haya creación sin estímulo por medio de la lectura. Además de que ambas cosas tienen como resultado ineludible el desarrollo de las facultades mentales del lector de un modo propio, que no puede ser sustituida por el de otras actividades, aunque sean del tipo culturales. Como todo, para que haya disfrute es necesario ser eficientes, eficiencia que se inicia cuando nos hacemos la siguiente pregunta: ¿En realidad sé leer? Pregunta que implica muchas más preguntas y muchas más respuestas y que pueden guiar a la meta de formarse como un gran lector y como colofón, de un gran hombre. Dicen los que saben, que la mayoría de las personas contestamos que "sí" a estas preguntas sin saber que lo normal es contar con múltiples fallas para poder lograr ser un gran lector, fallas que pueden inducirnos a superarnos, y que nos hacen distinguir lo que en la primaria nos enseñaron, que había dos clases de lectura: de rapidez y de calidad, cuyo fin es entender más con menos tiempo. Es saber analizar e interpretar el contenido literal y el escondido, y sobre todo llegar de inmediato a la idea principal del texto. Tengo la fortuna de haber nacido en una familia de lectores: mis padres y mi tía Josefina se encargaron de encauzarme por este bello sendero de la lectura. Sin dejar de reconocer a mis maestros de primaria, secundaria y preparatoria. En la Universidad, ya con un cúmulo de lectura a cuestas, cuya inercia aceleró mi amor por ella, tomé este bello "vicio" de leer por cuenta propia. Actualmente, ya con años de tratar con libros y con millones de palabras disfrutadas, sentí que, por necesidad, llega el deseo de sacar todo lo que hemos metido al cerebro y al corazón. No en vano. Otra de mis tías, Martha Silvia, me reclamó que mis escritos deberían tener más tendencia a narrar con el sentimiento que con la cabeza. Normalmente utilizo un ejemplo para explicar lo que antes dije. Leer es como ir llenando un vaso con letras, palabras, oraciones, conceptos e ideas, frases, etc., vaso que una vez lleno tiende a derramar si se continúa con el hermoso hábito de la lectura. Por ley natural, lo acumulado en un depósito abierto tiende a verter, derrame que he querido imaginar como escritura. Por otro lado, y tratando de esclarecer la metáfora anterior del vaso, creo que si no se da el fruto de la escritura, el alimento que llenó el vaso se hace "poposagüi" y se pierde. La lectura es quizá uno de los actos humanos menos perfeccionados, ya que existen gran cantidad de personas que nunca han terminado de leer un libro, e incluso muchos ejecutivos o profesionistas acumulan correspondencia e informes, guardándolos o tirándolos finalmente. Afortunadamente los esfuerzos del sector público y privado han puesto la mira en la solución de este gran problema. Por tratar algunos apartados en este renglón les recuerdo que hay lecturas para todos los gustos que llegan a interesar y que provocan concentración y distracción, de lo que debe esperarse una gran comprensión y un afine del criterio personal. Ruego no captar lo siguiente como una presunción, pero tengo la suerte de que mi hábito de la lectura ha logrado acumular más de 2 mil ejemplares, de una buena variedad de temas, mismos que me han enseñado múltiples conceptos, pero sobre todo me han dicho, con letras claro, que me falta una gran cantidad, inalcanzable, de conocimiento. De lo anterior me nació la idea de la "invitación atenta" a que llenemos y derramemos muchos vasos. ¡Hay muchos en espera todavía!

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