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Autodefensas y descontrol

La mayor parte de la gente justifica la organización de las autodefensas frente al crimen organizado. Si el Estado no es capaz de brindar protección a los ciudadanos –su principal razón de ser–, éstos tienen el derecho de tomar providencias para defenderse de los criminales, organizados o no. Desde luego, eso amenaza la integridad misma del Estado, pues en tanto la fuerza armada legítima salga de su control, se debilita gradualmente. Pero justo por eso no debiera permitir llegar al extremo en que a una comunidad no lo quede más remedio que organizar su propia autodefensa. Sin embargo, el caso de las autodefensas no es así de simple, sino mucho más intricado.

El problema radica en que las propias autodefensas pueden y suelen erigirse en nuevos problemas de gobernabilidad; pueden atribuirse funciones que rebasan las de su propia protección, involucrarse en asuntos de orden político, guardar rivalidad con otros grupos de autodefensa, ser penetrados o incluso caer en manos de grupos criminales diversos. Y eso es justo lo que ya se está viendo en Michoacán, pese al éxito relativo en acorralar y debilitar a los Caballeros Templarios. Ahí está la detención de Hipólito Mora, líder de autodefensas en la Ruana, al ser acusado de participar en el asesinato de dos de sus rivales, miembros también de otras autodefensas (pero también, anteriormente, de los Templarios). Pero resulte o no culpable Hipólito Mora de lo que se le imputa, el problema del descontrol de las autodefensas está ya en marcha.

Resulta que así como diversos políticos saltan de un partido a otro cuando su suerte y oportunidades se agotan en uno de ellos, al parecer que a diversos criminales se les ocurre una estrategia parecida. Cuando se les cierran las puertas en alguna organización, o son acorralados ahí, se reinventan y aparecen en otra organización y, probablemente, en las propias autodefensas, con lo cual pretenden lavarse de culpas antiguas para presentarse como ciudadanos de buena fe que legítimamente se organizan para defenderse– ellos y sus comunidades –de grupos criminales. No suena descabellada tal hipótesis.

Información periodística reciente, por ejemplo, sugiere que Luis Antonio Torres, "El americano", y rival de Hipólito Mora, está acusado en Estados Unidos de encabezar el cártel conocido como H3 en Buenavista. Se especula incluso que pesan sobre él acusaciones de homicidio y secuestro. Y bastante ruido hizo la aparición del comisionado Alfredo Castillo con Juan José Farías Álvarez, conocido como "El Abuelo", detectado por la PGR como líder del cártel Milenio, acusado también de lavado de dinero. Bastante trabajo costó al comisionado explicar dicha reunión, lo que le generó gran costo político.

Y es que las autodefensas podrían estar no sólo penetradas por diversos criminales, sino incluso ser lideradas por ellos, habiendo cambiado de trinchera. A un hermano del "Abuelo", Uriel, se le presumen vínculos con el narcotráfico. Y otro hermano más, el "Manis", está acusado de secuestro. Otro líder de autodefensas, Miguel Ángel Gallegos Godoy, presuntamente pertenecía a los Templarios. Sólo después de confrontarse con el "Kike" Plancarte, abandonó los templarios para unirse a las autodefensas. Gallegos es señalado por fuentes ministeriales como vinculado a la delincuencia organizada. El propio Hipólito Mora, ahora detenido por presunto asesinato, tiene al menos 35 denuncias en su contra.

José Manuel Mireles, uno de los líderes más paradigmáticos de las autodefensas, tiene antecedentes penales por tráfico de mariguana. Él alega haberse declarado culpable bajo tortura por agentes federales, haber guardado tres años de cárcel y posteriormente haber sido absuelto de talas acusaciones. Mireles atribuye esas y otras acusaciones a los líderes de las autodefensas a una traición por parte del gobierno para deshacerse de sus actuales aliados, aún antes de desmantelar del todo a los Templarios. No queda pues nada claro que los grupos de autodefensas sean organizaciones de ciudadanos indefensos que reaccionan legítimamente ante la ineficacia o complicidad del Estado frente al crimen organizado. Probablemente muchos de sus integrantes sí lo sean, pero todo indica que varios de los liderazgos tienen una trayectoria delictiva. Lo que nos lleva a la pregunta, ¿a quién se está combatiendo y con quiénes en Michoacán? El gobierno se vio acorralado al surgir las autodefensas, no quedándole más remedio que aliarse a ellas. Ahora el asunto se le enreda cada vez más, y a saber cómo saldrá del embrollo, si es que lo logra.

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