Opinión

¡Ayer malo; hoy bueno! ¡El país de cínicos…!

Por  Ricardo Alemán

Olga Sánchez Cordero | gob.mx/Reforma

Olga Sánchez Cordero | gob.mx/Reforma

Ayer, en los gobiernos del PRI y del PAN, era mal visto, pernicioso y hasta sinónimo de “la mafia del poder”, colocar un “fiscal carnal” en la PGR.

Hoy, por obra y gracia de la cuarta transformación, colocar en la PGR a un incondicional del presidente no solo es bien visto sino, incluso, aplaudible, saludable y es una potente señal del poder del presidente.

Ayer, en los gobiernos de Fox, Calderón y Peña era la más fea cara de “la mafia del poder” que un político o servidor público ocultara propiedades millonarias y bienes inmuebles en el extranjero.

Hoy, tramposos como Olga Sánchez Cordero y Javier Jiménez Espriú —titulares de Segob y SCT, respectivamente—, ocultan costosos departamentos en el extranjero y no pasa nada; incluso lo aplaude el propio presidente y los tramposos aparecen sonrientes con la titular de la Función Pública.

Ayer fue pecado capital y escándalo mediático la “Casa Blanca” y el conflicto de interés entre el Grupo Higa y el gobierno de Peña.

Hoy el empresario Riobóo no solo es contratista preferido del gobierno de Obrador —quien le regala obras millonarias sin licitar—, sino que la esposa del empresario favorito ganará un asiento en la Suprema Corte.

Ayer era un escándalo la pretensión autoritaria de los gobiernos de Calderón y Peña, quienes resolvían la crisis de violencia y criminalidad con la fuerza pública del Ejército, la Marina y la Policía Federal. Por eso, por la supuesta militarización del país muchos prohombres de la izquierda, medios e intelectuales apaleaban ayer a esos gobiernos.

Hoy callan los críticos de la militarización del país y —en el colmo del cinismo—, los otrora feroces críticos de esa militarización aplauden que las fuerzas castrenses no solo hagan labores de Policía, sino que construyan y administre aeropuertos y sean responsables de conducir pipas de gasolina y hasta vendedores inmobiliarios. Así el país de cínicos.

Ayer era un pecado endiosar al presidente con el uso masivo de los medios públicos; era propaganda a favor del presidente en turno; fuera del PAN o del PRI.

Hoy los propagandistas del gobierno dizque de izquierda de Obrador están al frente de todos los medios públicos y dedican horas al lucimiento, el elogio sin freno, la abyección y los impúdicos loas al presidente en turno.

Ayer apalearon a los presidentes Calderón y Peña por las casas en las que vivían y vivirían al salir del poder; ayer los críticos “periodistas de la izquierda” eran severos guardianes de la transparencia oficial.

Hoy, todos callan y nadie exige transparencia en torno a la familia presidencial; transparencia en los bienes que poseen y menos en las lujosas casas en los que vive la familia y la claque oficial.

Crítica selectiva.

Ayer, esos valientes guardianes de la transparencia que eran los medios de supuesta izquierda no permitían una sola obra federal no transparentada y menos licitada.

Hoy son ciegos y sordos a las asignaciones directas en aeropuertos, refinerías, pipas… hoy todo es posible siempre y cuando se trate de negocios de los amigos de la cuarta transformación; sean pingues negocios, sean grandes transas.

Ayer era digno de la pena capital el amiguismo, el compadrazgo, las cuotas y los cuates.

Hoy, por obra y gracia de la cuarta transformación, familias completas —que incluye a padres hijos y hasta entenados—, son llevados a puestos de primer nivel gracias a las cuotas y los cuates del gobierno de AMLO.

Y, en el extremo del escándalo, los amigos del presiente colocaron en cargos de primer nivel a sus efebos —como es el caso del Conacyt—, a pesar de que el agraciado no cumple los requisitos elementales de titulación 

Es decir, en 73 días el gobierno de AMLO y su claque simpatizante, hicieron el milagro de construir el país de cínicos del que alertó el expresidente López Portillo.

“Lo peor que nos puede pasar es convertirnos en un país de cínicos”, dijo Jolopo. 

¡Ya somos ese país de cínicos…! ¿Por qué?

Porque muchos medios, periodistas e intelectuales mexicanos —y muchos ciudadanos, en general—, olvidaron su papel de críticos y hoy son aplaudidores del peor arranque de gobierno en la historia. 

Al tiempo.