Opinión

Bajas capturas y mal precio acaban la temporada camaronera

Por  Fernando Zepeda

¡Se acabó! Más de 5 mil empleos directos e indirectos están en riesgo en Mazatlán. Todos relacionados con el sector pesquero. Particularmente en las capturas de camarón en altamar. Porque la temporada camaronera 2018-2019, que en condiciones normales tendría una duración de septiembre a marzo, ya ha llegado a su fin. Los focos rojos en la Unión de Armadores del Pacífico, que dirige José Omar Lizárraga, se han encendido. La “trilogía infernal” en el sector pesquero apareció. El precio del diesel, baja producción  y un mal precio en el mercado. Dirigentes del sector pesquero no solo de Sinaloa sino nacional lanzaron llamados en todos los tonos al Gobierno de López Obrador para que bajara los precios del diesel marino. La respuesta nunca llegó. El elevado precio del referido combustible disparó los costos de avituallamiento de cada embarcación camaronera. Aun con todo en contra, los pescadores de altamar asumieron los riesgos y se lanzaron a las capturas del camarón. Tenían la esperanza de que hubiera una buena producción. Tenían la esperanza de que el camarón que se capturara sería de buena talla y así aspirar a un buen precio. Pero no fue así. Conforme avanzaba el primer viaje de capturas, la desilusión crecía. Había poco camarón. Los negros pronósticos se cumplían. Ya habían adelantado que no había bastante producto. Y que se encontraba en pleno desarrollo. Las capturas bajas llegaron. El primer “viaje de capturas” reportó a puerto. Poco camarón y de talla pequeña. Estos dos factores se sumaron a la caída del precio del crustáceo. Las consecuencias están por verse. Una es el desempleo adelantado que se vivirá en el sector pesquero. Los obreros del mar que componen las tripulaciones de los barcos camaroneros se quedarán sin empleo. Ya desde noviembre hay barcos “amarrados” por incosteabilidad. Y en este mes, barco que arriba, barco que “amarra”. ¿Y dónde está el gobierno? Ni AMLO ni nadie del Gobierno Federal vendrá a salvar a los pescadores. Porque no entienden lo que es la pesca. Y porque no les interesa. La muestra está en el precio del diesel que prometió López Obrador reducir. Y nada.

El año perdido...Y lo que viene. En Mazatlán, las obras brillaron por su ausencia. El alcalde Luis Guillermo Benítez se dedicó más a pelear contra los empresarios, a descalificar a los medios de comunicación y a despedir a más de 30 trabajadores que llegaron con él al Ayuntamiento que se negaron a plegarse a sus intereses. Se dedicó a la fiesta y a los viajes. Ahí están las denuncias presentadas por la síndica procuradora, Elsa Bojórquez, además con los señalamientos de corrupción y nepotismo. Un año perdido. En Ahome, otro caso. El alcalde Guillermo Chapman resultó tan ineficaz, que las noticias de su administración las acapararon los escándalos. Primero en el caso de la Junta de Agua Potable y posteriormente la guerra que desató contra la síndica procuradora, Angelina Valenzuela, que acaba de declarar que teme por su vida. En Culiacán, el alcalde Jesús Estrada Ferreiro se dedicó en su primer año a pelearse con los medios de comunicación y hasta con su sombra. Ineficiente es poco. En Guasave, la alcaldesa Aurelia Leal padece el “destape de la cloaca” que trajo el asesinato de quien fuera su secretario del Ayuntamiento, José Luis Guerrero. No han entendido que “pactar” con criminales conlleva graves consecuencias. Pobre Sinaloa.

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