Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Bienestar infantil: ¿y el Estado?

En días recientes han aparecido diversas noticias relacionadas con el bienestar (o falta de) de la población menor de edad en México. Las noticias van desde el tema de los migrantes menores de edad (nacionales o extranjeros) que viajan solos a lo largo del país para tratar de cruzar la frontera norte, hasta el caso de los cerca de 500 menores que residían en la institución conocida como La Gran Familia en Michoacán y que se encontraban bajo la custodia de Rosa Verduzco ("Mamá Rosa"), sin olvidar el triste caso del niño de 13 años que se encuentra en coma por haber recibido el impacto de una bala de goma en la cabeza disparada por elementos de la fuerza pública del estado de Puebla. En todas estas noticias existe una constante: la responsabilidad del Estado, ya sea por acción u omisión.

El caso de "Mamá Rosa" es sumamente complejo y tiende rápidamente a polarizar las posiciones. Están por un lado, sus defensores, personas muy conocidas y respetables como Enrique Krauze o Jean Meyer que ensalzan la labor social que ha realizado Rosa Verduzco por décadas, así como personas que en algún momento de sus vidas pasaron por la institución. Por el otro, están las autoridades, familiares y defensores de los derechos sociales que cuestionan el estado y las condiciones en las que vivían los jóvenes que ahí se encontraban. La evidencia gráfica presentada hasta ahora parece darles la razón a los segundos, sin que ello implique que los testimonios favorables deban menospreciarse. Lo más probable, de hecho, es que ambos tengan algo de razón. No es descabellado pensar que frente al crecimiento de la población residente y ante la avanzada edad de la responsable, poco a poco las cosas se hayan ido saliendo de control. En cualquier caso, sean ciertas o no las acusaciones sobre los múltiples abusos y vejaciones que ocurrían al interior de la institución, la realidad es que todo esto no pudo haber ocurrido (tanto la parte positiva que ensalzan unos, como la parte negativa que critican otros) de no haber sido por el abandono de parte del Estado de sus responsabilidades más elementales.

Si existiera una verdadera política pública dedicada a proteger y garantizar el bienestar integral de la población infantil y juvenil en México, es posible que casos de filantropía como el de "Mamá Rosa" fueran, si no del todo innecesarios, quizá de una menor escala, o que por lo menos estarían adecuadamente regulados y supervisados. Lo anterior implicaría que este tipo de instituciones recibirían visitas periódicas por parte de autoridades, tendrían personal calificado, los menores pasarían un tiempo limitado y bien definido en la institución, y las condiciones de higiene y salubridad serían mejores a las que se han podido apreciar en las imágenes difundidas hasta ahora.

Lo sorprendente del caso es que diferentes órganos y autoridades, tanto locales como federales, en vez de reconocer la (ir) responsabilidad del Estado y la necesidad de establecer una política pública de protección de los menores, se notaban bastante cómodos con la existencia de una institución como la de "Mamá Rosa", a tal grado que la promovían, la financiaban y ahora la defienden, como es el caso del ex presidente Fox. Sorprende saber, por ejemplo, que todavía hasta hace muy poco el DIF estatal seguía canalizando jóvenes a esta institución ahora tan vilipendiada, o que ésta haya recibido numerosos apoyos económicos y reconocimientos oficiales durante tantos años, sin que al parecer las autoridades estuvieran enteradas de lo que pasaba al interior de la misma, según se desprende de antiguas notas periodísticas que ahora han vuelto a salir a la luz.

En general, este caso ilustra claramente los efectos nocivos que ha traído el abandono del Estado de sus responsabilidades fundamentales. Es urgente revertir esta tendencia. Si como sociedad ni siquiera somos capaces de garantizar el bienestar de nuestros menores, ¿qué futuro nos espera?

[email protected]