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¿Boda? No, gracias

LÍNEAS EXTRAÑAS

Pensando en la economía, se colaron a mi mente los limones y las bodas. Lo primero, por lo que ya saben, lo segundo, porque las bodas familiares representan un durísimo golpe a la economía; generan gastos anticipados desde la despedida de soltera (la cuota ya va en 200 pesos) hasta la tanda húngara. De ahí que un padre de familia empieza a estresarse al saber que un familiar se casará. Junto a todo esto, ir a una boda significa enfrentar las siguientes situaciones sociológicas:

1.- Si eres mujer. Te pones tus mejores garras (atuendos) e intentas colgarte un molcajete. Al llegar a la fiesta, no falta el simpático que pregunte: ¿Eres tú o Blanca Nieves?

2.- Si eres familiar muy lejano, los novios no te recuerdan con claridad, tienes que acercarte y decir: Soy José, el hijo de la tía Tere, el que cuando eras niña te cargaba. La novia te responderá: "¡Ah!, encantada, gracias por venir", -aunque no sepa ni quién demonios eres-.

3.- ¿Tienes automóvil? Cuidado. Tu santa madre te "echará" a las tías que vinieron desde lejos para que las traslades a la fiesta. En el trayecto te entrevistarán: ¿Ya te casaste? ¿A qué te dedicas? Bla, bla… y de paso te sugerirán que no le des tan rápido porque las vas a matar.

4.- ¿No cenaste para ir a la fiesta? Lo siento. Los meseros siempre le dan de cenar a todos menos a los que tienen hambre. Tu mesa será la última.

5.- ¿No te has casado? ¡Aguas!, en la boda sobrará quién te pregunte: "¿Y tú para cuándo?", y a la hora de que el novio tire el "ramito", varios te sugerirán pasar a ver si así sales (como si estuvieras en oferta), ¡plaf!

Esto es poco de lo mucho que se vive en las bodas. Aun así, ¡que vivan los novios y que duren para toda la vida! Si te invitan, ¡cumple con el compromiso!; si no, "no preocupéis", soy de la filosofía que siempre en nuestra vida hay desaires que debemos agradecer...

Hasta el miércoles.

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