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Opinión

Bomberos que inician incendios

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Por Francisco Bojórquez

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Ray Bradbury (1929-2012) fue un escritor estadounidense destacable con una vasta trayectoria. Hizo poesía, relatos, guiones, siendo el creador de grandes obras como Crónicas marcianas (1950), El hombre ilustrado (1951) o La feria de las tinieblas (1962). En 1953 publica Fahrenheit 451, una de sus novelas más emblemáticas, plasma su visión sobre la censura y regímenes totalitarios; en 1966 la novela se convirtió en película, François Truffaut (1932-1984) dirigió el filme.

Fahrenheit 451 (1953) nos presenta una sociedad distópica donde está prohibido leer, predomina la apatía y el control lo tienen los medios de comunicación. Conocemos a Guy Montag, un dubitativo bombero, su labor: quemar libros. Por orden del gobierno se quemará cualquier libro sin excepción alguna para mantener la “felicidad igualitaria” entre los ciudadanos. En su ruta del trabajo a casa conversa con Clarisse, su vecina, una bella y carismática joven que le pregunta sobre aspectos de su oficio y con ello en él despierta la curiosidad. Por lo que comienza a cuestionar su realidad y dudar sobre la finalidad del empleo. Vive con su esposa Mildred; es frívola y distante, no tienen buena comunicación, ella pasa gran parte del día en su sala de estar hipnotizada por la televisión o con los auriculares escuchando a la “familia” mientras él trabaja. En el Departamento de Bomberos, al mando está Beatty, enigmático capitán que conoce bastante sobre la profesión. Más adelante, Guy en una intervención en casa de una disidente anciana, tras ver cómo se incendian ella junto a su casa, piensa en dejar su puesto por el problema que este conlleva y roba un libro.

Bradbury retrata con su prosa poética una parábola de un panorama aterrador, donde prevalece el conformismo e indiferencia en las personas ante lo cotidiano, donde desaparece la chispa de la curiosidad y aversión por las letras. El totalitarismo controla a la sociedad con noticias y publicidad, creando productos para las masas como la televisión; por lo tanto, la mayoría decide aceptarlo y vivir en una burbuja, quedando reprimida su libertad individual y de pensamiento con la censura de los libros; se cierran y limitan las ideas porque no hay espacio para pensar. Así pues, los habitantes de esta sociedad futurista son ignorantes y viven “felices”, recibiendo grandes cantidades de datos difusos y olvidando por completo ejercer la reflexión o el diálogo. ¿Qué riesgos implica no cuestionarse lo que sucede alrededor? Es peligroso, un mundo ardiente en llamas del desconocimiento, tomando por verdad lo primero que llega a las manos.

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Una obra profética, imprescindible y trascendental que a pesar de haber sido escrita hace más de 60 años es moderna, contiene elementos similares a nuestra realidad como la TV, que se puede comparar con las redes sociales e internet; propone lo que puede pasar si pasa por desapercibida la lectura y, finalmente, enfatiza el respeto hacia los libros y la cultura. 

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