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Buen cine histórico

A veces la memoria histórica toma venganza de la incuria y el olvido, y reaparece no en los libros o los bronces sino en la pantalla grande. No es un género fácil. Requiere al menos de dos elementos difíciles de conciliar: el rigor histórico y vuelo imaginativo. Huérfanos, de Guita Schyfter, logra esa rara síntesis. Con guión de la propia Schyfter, el dramaturgo Hugo Hiriart y el historiador Fausto Zerón-Medina, su tema es la vida de Melchor Ocampo, el eminente naturalista, ensayista, lingüista, polemista, tribuno, ministro y legislador nacido en 1814 y cuya orfandad personal es una metáfora de la orfandad original de la nación mexicana.

Huérfanos entrelaza dos historias. La primera transcurre en unos cuantos días de 1861. Es el peregrinaje final de Ocampo. Lo escoltan a punta de pistola un antiguo peón y el mercenario español Lindoro Cajiga, que lo ha hecho preso por órdenes del feroz jefe conservador Leonardo Márquez. Los tres atraviesan los silenciosos eriales de México rumbo al cuartel de Márquez.

La segunda historia es la propia vida de Ocampo, hilada en recuerdos que él mismo evoca cuando un paraje, un objeto o una frase los suscita. En el origen está la comunidad de niños expósitos que la pródiga doña Josefa Rulfo había establecido en su Hacienda de Pateo, Michoacán. A partir de ahí seguimos al talentoso Melchor en su paso por el Seminario, el manejo de aquella hacienda que heredó de su benefactora, su viaje a Francia, el paso por la política local y nacional, su exilio en Nueva Orleans (donde "convirtió" a Juárez de liberal rosa en rojo), su breve paso por el gabinete de Comonfort (1856) hasta su papel como ideólogo histórico de la Reforma (1859).

En Pateo, Ocampo y Ana María Escobar (la nana, huérfana como él, que lo ha cuidado desde la cuna) enfrentan el pecado de su origen con las armas de un amor apasionado pero trágico, porque reproduce -en las hijas que procrean- la imposibilidad de fincar una familia legítima. Cerrada por la misma razón la puerta de una carrera sacerdotal, Ocampo busca crear desde muy joven un orden civil en el que las personas como él tuviesen un lugar que no requiriera la potestad de la Iglesia para existir. Crear ese orden fue su logro histórico.

El peregrinaje hacia la muerte es memorable por varios motivos. Los diálogos entre el mercenario conservador y el herético liberal no son sólo sustanciales sino vívidos y, por momentos, encarnizados, como lo fueron en la realidad. Uno ve pelear a las ideas. El sombrío y estoico Ocampo (interpretado con elegante sobriedad por Rafael Sánchez Navarro) tiene frente a sí a su antípoda ideológico (encarnado por el formidable actor colombiano Germán Jaramillo) que, siendo un sicario, padece las ráfagas de la duda y el remordimiento.

No faltará quien, por facilidad, reproche la caracterización de Juárez. Si bien Schyfter ha tenido el valor de rescatar su esmero al vestir, su gusto por el baile (aspectos ocultos tras el velo de su impasibilidad), el rostro de Juárez en Huérfanos (Fernando Becerril, magnífico actor, por lo demás) se aleja de la identidad zapoteca.

Entre las actuaciones memorables destaca la de Dolores Heredia, cuya dignidad de princesa indígena evoca a Dolores del Río. Interpretando a Ana María Escobar, Heredia pasa con toda naturalidad de la figura protectora de la nana a las sucesivas encarnaciones de la amante furtiva, la esposa entregada, abnegada, traicionada, la madre tiernísima de las hijas a quienes no puede revelar su identidad, la anciana ciega que ilumina sus horas con el recuerdo de su juventud torturada y febril.

Hecha con recursos precarios, Huérfanos logra rendir un homenaje al México del siglo XIX. La reconstrucción de los interiores -estancias, alcobas, cocinas, muebles, cuadros- resulta de verdad portentosa. En la lente de Sebastián Hiriart, el paisaje no está exento de "esa aristocrática esterilidad" que describió Alfonso Reyes y las haciendas recobran sus colores rojizos, sus paredes descarapeladas, sus tonos crepusculares. La música de Jesús Echeverría recrea el ritmo de la historia: el paso fatal, repetido una y otra vez, de la quietud a la zozobra.

Existe una versión ampliada de Huérfanos. Ojalá se transmita por televisión. Buen cine, buena historia: una ventana a la Reforma, ese trágico pero necesario reacomodo de la vida nacional.

www.enriquekrauze.com.mx