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Buenas intenciones

GUASAVE

No hay ninguna duda de la buena voluntad y mejores intenciones que se abrigan con la campaña de Donación voluntaria de armas de fuego que en Guasave concluye con resultados no muy alentadores, por diversos factores, entre ellos el económico, que es la que mueve la participación en tal sentido, confiaron los promotores.

Pero sobre eso, se tiene que reconocer que su consistencia, el programa que hace algunos años promovió el doctor Rogelio Quiñónez, puede ser que algún día se convierta en instrumento eficaz para formar en las próximas generaciones una cultura de rechazo a la violencia.

Sinaloa, una entidad donde el pistolerismo adquiere carta de naturalización, requiere de estos empeños oficiales para que los niños desarrollen un concepto diferente de la hombría y una óptica distinta de la defensa de nuestra seguridad y patrimonios.

Tenemos que admitir que en este estado para la juventud abundan ejemplos de que portar pistola es igual a ser macho, o en el mejor de los casos, herramienta de uso corriente, el programa de donación de armas quizá llegue a ser una forma de inculcar el propósito que persigue.

En la medida que se promueva y logre permear en el ánimo de los padres de familia, en la misma proporción los hijos seguramente se sensibilizarán de que las pistolas, rifles y metralletas, amén de un riesgo, son inductoras del desvío de la conducta humana.

De hecho lo anterior es la idea de fondo que el gobierno no debe perder de vista, pero igual sentar los pies en la tierra y no crear expectativas falsas, al asumir que la campaña vaya a resolver el asunto del armamentismo, porque no es verdad.

El proyecto que en el terreno de los hechos lleva muchos años tiene que plantearse con un objetivo práctico, pues según lo entendemos, no es otro que imbuir conciencia en la sociedad del peligro que es tener en los hogares y al alcance de la familia, los mortíferos artefactos.

Nadie puede ser tan bobo para creer que lo que se puede lograr con estas campañas es básicamente reducir el armamentismo ilegal o clandestino. Tenemos que creer sí, es un buen intento y un esfuerzo para cultivar, principalmente en la juventud, su rechazo a cualquier arma que incite a la violencia.

Por lo demás, para abatir a límites tolerables, lo mismo la desatada incidencia delincuencial, como el irrefrenable armamentismo, no hay más que el gobierno cumpla con la responsabilidad de proteger a los sinaloenses de los grupos criminales que trastocan el orden y la tranquilidad.

Jamás se ha tenido conocimiento que el éxito en la prevención del delito se finque solamente en programas educativos y de concienciación, ya que regularmente quienes incurren en agresivas conductas antisociales son individuos o grupos con deformaciones sicopatológicas, raramente susceptibles a la rehabilitación.

Ciertamente no estorban las acciones como la emprendida a través de la donación de armas u otras del mismo estilo para buscar formar sociedades más sanas y menos violentas.

No obstante también tendríamos que decir con meridiana claridad que en tanto las instituciones competentes y responsables de garantizar la paz social, no hagan lo que deben hacer en contra del hampa, organizada o no, es imposible obtener los resultados que reclama la ciudadanía.

Como reza el refrán a los grandes males que en Sinaloa es la violencia y sus secuelas, tienen que aplicarse grandes remedios, y estos no son más que la enérgica prevención, la tenaz investigación y la eficiente persecución de los delitos.