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Bullying

Acoso, agresión, discriminación, exclusión, violencia física, verbal, sicológica, sexual o laboral. Palabras o silencios que lastiman, grupos que atacan o ignoran al agredido, actos y omisiones destinados, todos, a hacer sentir mal, débil, indefenso, impotente, inaceptado, a quien resulta víctima.

A lo que hoy le llaman bullying, como si fuera la gran novedad o descubrimiento, en el pasado se le decía, en palabras más mexicanas y a veces altisonantes, agandalle, abuso. Y a quienes lo cometían nadie les decía bullies, sino otras cosas no publicables en un medio serio y respetable como este.

Los casos recientes de acoso y agresión que se han dado a conocer en México, escandalosos y horripilantes como son, no pueden o deben sorprender a nadie. La violencia en las escuelas no es un fenómeno reciente, ni sus dimensiones tampoco. Magnificado por las redes sociales y los medios de comunicación que afortunadamente le han dado la importancia que tiene, este triste reflejo de la naturaleza humana ha existido desde siempre.

En México le hemos dado históricamente poca importancia a estas conductas, bajo el insensible e insensato argumento de que así son los niños o de que aguantar vara fortalece el carácter. A quienes se quejan les esperan por lo general miradas desaprobatorias de sus mayores, revanchas, frases y conductas aún más hirientes de parte de sus pares y el más absoluto desinterés de sus maestros, jefes o supervisores.

¿Jefes y supervisores? Sí, amable lector, el así llamado bullying no es solamente un fenómeno escolar, y se da a todas las edades y en todos lados. Es reflejo de la agresión innata de los humanos, de los instintos territoriales y dominantes que todos cargamos, pero igualmente influyen el entorno escolar y familiar, la sociedad y el gobierno, las normas por las que se rigen o las que deciden ignorar los mayores y los menores de edad.

El acoso es una expresión de la violencia innata de las especie. Según Konrad Lorenz, medico, filósofo y connotado experto en conducta animal y humana, en su libro On Aggression, en los humanos el proceso de propagación de las especies choca con el de la protección del clan propio. Es así como el hombre no promueve conductas propicias para la humanidad sino únicamente para los suyos, trátese de su familia, sus amigos, sus cercanos. Ahí surge el instinto de la discriminación, de la exclusión de quien es diferente. Una conducta tribal que se encuentra, según Lorenz, en algunas pocas especies de peces, en las ratas y en los humanos. El proceso de selección natural, según su teoría, pasa de ser inter especies a ser intra especies, ya no es una búsqueda instintiva por propagar más que lo inmediatamente propio. Ahí nace la discriminación, la hostilidad, el acoso, la agresión. En su momento, Lorenz gano un Premio Nobel por sus trabajos acerca de la conducta humana y animal, aunque no faltaron quienes le criticaron por su fatalismo acerca de la naturaleza humana.

No se trata aquí de discutir si homo sapiens es intrínsecamente bueno o malo, sino de ver cómo es que la sociedad, el gobierno, el Estado, pueden actuar para acotar, limitar y castigar conductas perniciosas para el conjunto de la colectividad.

En México al menos estamos llegando muy tarde a este debate, y así lo demuestra la tardía reacción de las autoridades. Los 15 puntos anunciados son una lista de lugares comunes, buenas intenciones y burocratismos, además de que evidencian que este tema no estaba, ni de lejos, en su radar.

Qué lastima que haya tenido que morir un alumno de secundaria para que al fin alguien pusiera atención. Ojala que su muerte, y el sufrimiento de millones de víctimas anónimas, no sea en vano

Twitter: @gabrielguerrac